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ISAÍAS 21-23


¿Por qué en este texto se le llama a Babilonia “el desierto del mar”?

Isaías 21:1:

Esta es una declaración contra el desierto del mar: Viene como vientos de tormenta que barren el sur, desde el desierto, desde una tierra aterradora.

Respuesta: 

Se trata de una forma poética y un poco paradójica de describir a Babilonia:

“Mar”: aunque no estaba junto al mar, Babilonia estaba en una zona de muchas aguas (ríos, canales y zonas pantanosas). Con las crecidas —sobre todo del Éufrates (y en la región mesopotámica también influían grandes sistemas fluviales)— grandes áreas podían quedar como un “mar” de agua y marismas. Y, “Desierto”: a la vez, esa misma llanura podía verse como una extensión plana y desolada, y la expresión también encaja con la idea profética de que acabaría quedando devastada.

Isaías 21


Jehová ve lo que viene antes de que llegue.
Isaías describe una visión dura, como una tormenta que se acerca desde una “tierra aterradora”. Eso me recuerda que, aunque yo no vea el futuro, Jehová sí. Cuando algo me inquieta, en vez de dejar que el miedo gobierne, me apoyo en sus consejos y oro con calma, porque Él no improvisa. 

Isaías 21:1-2

La ansiedad es real
Isaías habla de angustia física: convulsiones, aturdimiento, el corazón fallando, temblor de terror. No está aparentando fortaleza; está siendo honesto. Cuando yo me siento así, puedo hablarlo con Jehová de corazón y pedir su ayuda. 

Isaías 21:3-4

La falsa calma puede ser una trampa.
Hay una escena de mesa puesta: “coman y beban”, y justo después aparece la urgencia de preparar el escudo. A veces uno se distrae para no mirar lo serio. Disfrutar está bien, pero no a costa de vivir dormidos. Mejor tener un descanso sano y, a la vez, estar listos espiritualmente. 

Isaías 21:5

Aprender a ser “vigilante” del corazón.
Jehová manda colocar un vigilante para que informe lo que vea, y ese hombre se mantiene firme día y noche, con atención. Eso me enseña que la espiritualidad es disciplina. Yo tengo que vigilar lo que dejo entrar en mi mente, lo que alimento con mi tiempo y lo que me enfría por dentro. 

Isaías 21:6-8

Lo que parece invencible, cae.
El vigilante anuncia con fuerza: “¡Ha caído Babilonia!”, y se habla de las imágenes de sus dioses estrelladas en el suelo. Hoy Babilonia puede ser cualquier “seguridad” falsa: dinero, ego, reputación. Todo eso puede romperse en un instante, pero lo que se construye con Jehová aguanta. 

Isaías 21:9

En crisis, Jehová valora la compasión práctica.
El texto pide llevar agua al sediento y pan al que huye de la guerra. Tenemos una sencilla forma de reflejar nuestro amor por el pueblo de Dios: ayudar, compartir, sostener a alguien que está escapando de un problema. Jehová, sin duda, se fija en esos gestos. 

Isaías 21:14-15

Isaías 22

Cuando una ciudad se sube “a las azoteas” y se llena de alboroto, puede estar celebrando mientras el peligro es real. A veces nosotros hacemos lo mismo: mucha actividad en nuestro día a día, pero poca reflexión. Jehová nos ayuda a bajar el volumen y mirar la realidad con honestidad. 

Isaías 22:1-2

Isaías no se hace el fuerte: llora amargamente y pide espacio. Hay momentos en los que lo más espiritual no es “aguantar”, sino reconocer el dolor delante de Jehová. Eso también nos hace más humanos con los demás: a veces el consuelo no es hablar, es acompañar. 

Isaías 22:4-5

Se organizan, refuerzan murallas, almacenan agua… pero se olvidan de mirar al Gran Creador. Planificar es bueno, pero si solo confío en recursos, contactos o estrategias, me vacío por dentro. La paz real y seguridad llega cuando tenemos a Jehová en el centro de nuestras vidas.

Isaías 22:8-11

Jehová pide duelo y reflexión, pero ellos responden con fiesta: “comamos y bebamos, porque mañana moriremos”. Es el escapismo de siempre: tapar la culpa con diversión. El texto es directo: cuando Jehová llama a cambiar, posponerlo endurece el corazón y trae consecuencias. 

Isaías 22:12-14

Sebná usa su posición para su propia gloria, pero Jehová lo baja; en cambio, levanta a Eliaquim para servir como “padre” del pueblo. Liderar en la Biblia no es lucirse, es cargar responsabilidad. Y esa “llave” sobre el hombro recuerda que Jehová da autoridad para proteger a su pueblo, no para presumir. 

Isaías 22:15-23

El orgullo cae. Se pregunta: “¿Quién decidió esto contra Tiro…?” y la respuesta es clara: Jehová lo hizo para humillar el orgullo y profanar la confianza en la “belleza” y la honra. Esto me pone un espejo: ¿nos podemos creer intocables por lo que tenemos, o mejores que otros? Si es así, estamos a punto de caer. 

Isaías 23:8-9

Ni mudarte te salva si no cambias por dentro. Les dicen que crucen a Kitim, pero “ni siquiera allí tendrás tranquilidad”. Hay gente que cambia de ciudad, de trabajo, de círculo… y el vacío sigue. La paz y felicidad no viene solo por cambiar el mapa; viene por ajustar el corazón a Jehová. 

Isaías 23:12

Dios deja claro quién manda en el tablero. “Él ha extendido su mano sobre el mar; ha sacudido reinos.” A veces vemos potencias, mercados y ejércitos como si fueran eternos, pero no lo son para Jehová. Eso da dos cosas: calma, porque nada se le va de las manos; y confianza, en que lo único inamovible es el Reino de Dios. 

Isaías 23:11, 13-14

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