Discurso: ¿Cómo superar el miedo a la muerte? 

¿Te acuerdas de la primera cana? La primera arruga, la primera mañana que nos despertamos con dolor de lumbago, la primera vez que tomamos consciencia de hacernos una analítica todos los años… todo ello pueden ser señales de algo, que en este sistema, es normal: “nos estamos haciendo mayores”. 

A medida que el tiempo avanza, la vejez se asocia más fuerte con el enemigo número uno: la muerte. El texto bíblico de 1 a los Corintios, 15:26 dice que: “Y el último enemigo, la muerte, será destruido”. Pero, ¿y mientras? 

Sabemos de la esperanza que nos promete Dios. No obstante, el conocimiento que tenemos de la muerte y la esperanza de que será derrotada para siempre y que habrá una resurrección no quita lo fundamental: “nadie quiere morir”. 

Es lógico, Jehová nos creó para vivir para siempre y disfrutar de su hermosa creación. Tenemos en nuestro ADN el deseo de vivir eternamente. Todos nosotros hermanos, tememos que llegue ese momento en el que nos aproximamos a la muerte. 

Podríamos decir que hay dos tipos de perspectivas respecto a la muerte. La que sucede por vejez, y la del suceso imprevisto. La diferencia es clara, la primera la estamos viendo hacia nosotros  cada año de vida que pasa. Cuanto más mayores, mayor será nuestro sentimiento de pertenencia a la vida, a no querer morir. Y luego, el suceso imprevisto, del que normalmente no solemos ser muy conscientes, especialmente cuando somos más jóvenes. Salvo, obvio es, que suframos una pérdida cercana y nos recuerde que todo puede cambiar en cuestión de segundos, o que hayamos pasado un suceso cercano a la muerte o, incluso, nos hayan diagnosticado algún tipo de enfermedad terminal o crónica. 

¿Cómo podemos luchar con la muerte? Sabemos que nosotros no podemos ganar esta batalla, la ganará el Reino de Dios, pero sí podemos luchar.

Este miedo a la muerte y al envejecimiento causa en nosotros, casi de forma interna sin darle mucha importancia, que a medida que pasan los años vamos cambiando rutinas e integrando en nuestras vidas nuevos hábitos que años atrás diríamos que nunca seríamos capaces y lo justificamos con la frase: “ya tenemos una edad y hay que cuidarse”. 

Sí, es verdad. De hecho, es un mandamiento bíblico, y si nos cuidamos, respetamos el valor de la vida que nos dio Jehová. Tanto de jóvenes como de mayores. 

Es normal hermanos y hermanas que sintamos temor a la muerte, e incluso miedo. Nadie quiere morir, Dios no nos quiere ver morir. Sin embargo, a diferencia de las personas que no tienen o no conocen aún la esperanza de la resurrección y la desaparición de la muerte, este enemigo pueden convertirlas en esclavos de su propia existencia, imposibilitando que disfruten de su vida, viviendo siempre con un temor y un miedo no justificado.

¿Cómo podemos sobrellevar el miedo a la muerte? Conociendo las verdades bíblicas. Sí. Juan 8:32 nos dice: “conocerán la verdad, y la verdad los hará libres”. 

En un  momento tan frágil como es la muerte, los testigos de Jehová sentimos miedo, sí, pero también paz, por la tranquilidad relativa que tenemos de que esto, no es un: “adiós”, es un “hasta luego”. 

Nuestros seres queridos nos echarán de menos, sí, ¿sentiremos un importante vacío?, también es verdad.¿Habrán situaciones que nos traerán recuerdos y estaremos tristes?: sí. 

Ser conocedores de la verdad de la Biblia no nos hace inmune al proceso de duelo, pero sí nos abre una puerta que otras personas no tienen: ¿nos vemos allí con nuestros seres queridos? 

Por supuesto que sí, tenemos la absoluta confianza en Jehová, nuestro Creador y Padre Celestial Todopoderoso y amoroso, de que: 

a) La muerte es solamente un sueño profundo, reparador, un descanso a la espera de una vida mejor. 

b) Los muertos no van a ningún sitio, solo vuelven al polvo desde donde nos creó Dios y no nos pueden hacer daño, ni nos van a atormentar. 

c) La muerte no es el final. De hecho, para las personas que han fallecido, es el principio de una vida hermosa, porque cuando resuciten, ya estarán en un paraíso eterno con sus seres queridos. 

No podemos cerrar este discurso sin que me acompañen a leer Apocalipsis 21:4, dice: “Y les secará toda lágrima de sus ojos, y la muerte ya no existirá, ni habrá más tristeza ni llanto ni dolor. Las cosas anteriores han desaparecido”. 

Querido ser querido: “Te veo allí, para toda la eternidad”. 

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