ANÁLISIS DEL ESTUDIO DE LA ATALAYA – SEMANA DEL 26 DE ENERO AL 1 DE FEBRERO 2026

CON EL TEMA: “Tú eres muy valioso”

TEXTO TEMÁTICO: “Tú eres muy valioso” (DANIEL. 9:23).

1, 2. ¿Qué nos ayudará a convencernos de que somos muy valiosos para Jehová?

Analizar relatos bíblicos que muestran cómo Jehová trata a las personas y cómo quiere que nos tratemos entre nosotros. Cuando ves que Jehová se fija en los humildes, en los que sufren y en los que el mundo desprecia, te das cuenta de que tu valor no depende de tu pasado ni de lo que otros digan, sino de cómo Jehová te ve (Ageo 2:7; Isaías 55:8, 9).

Fijarte en la manera en que Jesús trató a la gente: con dignidad, respeto y ternura, especialmente a los que se sentían “poca cosa”. Jesús reflejaba perfectamente la forma de pensar de su Padre, así que, si Jesús te trata con valor, podemos estar seguros de que Jehová también lo hace con nosotros (Juan 5:19; Hebreos 1:3).

Buscar pruebas personales del amor de Jehová: momentos en los que te sostuvo, te respondió con paz, te dio fuerzas o te acercó a hermanos que te levantaron. A veces la baja autoestima te grita “no vales”, pero esos hechos te recuerdan una verdad: Jehová te está cuidando como alguien importante para él (Salmos 28:9; Isaías 49:15).

Cómo ayudó Jesús a las personas a ver que son valiosas

3. ¿Cómo trató Jesús a las personas de Galilea que acudieron a él?

Jesús no las miró por encima del hombro. Aunque los líderes religiosos las llamaban “gente maldita” y las trataban como ignorantes, Jesús vio su necesidad y su dolor: estaban “maltratadas y abandonadas como ovejas sin pastor”. Y, en vez de criticarlas, les dio tiempo, enseñanza y alivio (Mateo 9:36; Juan 7:47-49).

No solo les habló bonito: actuó. Les enseñaba y también las curaba, o sea, cuidaba lo espiritual y lo emocional. Eso les devolvía dignidad: no eran una molestia, eran personas que merecían atención. Cuando alguien te trata así, empiezas a creer que de verdad vales (Mateo 9:35).

Además, Jesús multiplicó esa ayuda capacitando a sus apóstoles para predicar y curar. Es como decir: “No quiero que solo dependan de mí; quiero que muchos reciban apoyo”. Eso muestra lo valiosa que era la gente para él y para Jehová (Mateo 10:5-8).

4. ¿Qué aprendemos de la manera como Jesús trató a las personas humildes?

Aprendemos que Jehová no mide el valor como lo mide el mundo. Si el mundo desprecia a alguien por su posición, su educación o su pasado, Jesús demuestra lo contrario: cuando hay humildad y deseo de aprender, esa persona tiene un valor enorme ante Dios (Mateo 9:36; Isaías 55:8, 9).

También aprendemos que el respeto sana. A veces lo que más duele no es el problema que uno tiene, sino cómo lo miran o lo tratan. Jesús, con su manera digna de hablar y actuar, levantaba a las personas por dentro; les devolvía esperanza y sentido de pertenencia (Mateo 9:35).

Y aprendemos a aplicarlo a nosotros mismos: si te cuesta verte valioso, mira cómo Jesús trata a los que se sentían pequeños. Esa es la prueba de cómo Jehová te trata a ti: con interés real, no con desprecio (Juan 5:19; Hebreos 1:3).

5. ¿Qué le pasaba a la mujer con la que se encontró Jesús en Galilea?

Tenía hemorragias desde hacía 12 años y eso la dejaba agotada y sin solución humana. Encima, la situación no era solo médica: era emocional. Imagina vivir tanto tiempo con dolor, frustración y la sensación de que nada mejora, mientras se te va la vida en tratamientos (Marcos 5:25, 26).

Además, por la Ley quedaba “ceremonialmente impura”, y eso la aislaba. Si alguien la tocaba, también se volvía impuro; así que probablemente la evitaban, y ella misma evitaría a la gente por vergüenza. No era solo estar enferma: era sentirse apartada (Levítico 15:19, 25).

Y lo más duro: no podía adorar junto con otros en la sinagoga o en las fiestas. Eso podía hacerle pensar: “Jehová está lejos de mí”. Ese tipo de carga espiritual puede destruir la autoestima si no tienes esperanza (Levítico 15:25; Marcos 5:26).

6. ¿Cómo se curó la mujer que sufría hemorragias?

Ella no se atrevió a pedírselo de frente; quizá por vergüenza o por miedo a que la regañaran por estar entre la gente. Así que se acercó en silencio y tocó la ropa de Jesús, convencida de que con eso bastaba. Esa fe fue valiente: se movió con miedo, pero se movió (Marcos 5:27, 28).

La fe de esta mujer funcionó a la perfección: se curó al instante. Eso enseña algo bonito: Jehová no exige que te acerques “perfecto” o con palabras impecables. A veces solo puedes dar un paso pequeño, pero con fe, y ese paso cuenta muchísimo (Marcos 5:28, 29).

Luego Jesús hizo que saliera a la luz lo que pasó. No para humillarla, sino para ayudarla de forma completa. Él no quería que se fuera solo con el milagro físico; quería sanar también su corazón y su conciencia (Marcos 5:30-33).

7. ¿Cómo trató Jesús a aquella mujer? (Marcos 5:34).

Leemos Marcos 5:34: Él le dijo: “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu angustiosa enfermedad”.

Jesús notó que ella estaba temblando de miedo, así que no la expuso con dureza ni la hizo sentir culpable. La trató con cariño y respeto, justo como alguien que entiende lo frágil que está una persona por dentro cuando lleva años cargando vergüenza (Marcos 5:33).

La llamó “hija”. Eso es muy fuerte, porque no es un trato frío de “señora, ya está”. Es cercanía, ternura, familia. Es como si Jesús le dijera: “Aquí no eres un estorbo; aquí eres querida”. Ese detalle pudo curar heridas que la enfermedad había dejado (Marcos 5:34).

Y le dio paz: no solo “estás curada”, sino “vete en paz”. Jesús no quería que se fuera con miedo o con culpa. Quería que entendiera que Jehová la quería, la aceptaba y la veía valiosa, aunque otros la hubieran apartado (Marcos 5:34).

8. ¿Qué dificultades afrontó una hermana de Brasil?

Renata nació con una limitación física muy dura y eso la expuso a burlas constantes. El acoso en la escuela y los apodos crueles no solo duelen en el momento: te pueden programar la mente para creer “no valgo”, “soy un problema”, “estorbo” (Salmos 27:10).

Además, cuando el rechazo viene incluso de familiares, el golpe es doble. Porque esperas apoyo, y recibes prejuicio. Eso puede dejarte deprimido, inseguro y con una autoestima por el suelo, aunque sigas funcionando por fuera.

Su caso refleja una realidad: a veces la baja autoestima no nace de “capricho”, sino de heridas reales. Por eso Jehová es tan tierno: él no minimiza el dolor, y en la congregación suele dar el tipo de apoyo que reconstruye por dentro (Salmos 28:9).

9. ¿Qué ayudó a Renata a sentirse muy valiosa?

La ayudó el cariño práctico de la congregación. No fue solo decirle “ánimo”, sino tratarla como la ve Jehová: con valor, con respeto, incluyéndola y recordándole sus cualidades. Ese tipo de amor constante reeduca el corazón (Juan 13:35).

También la ayudó sentirse parte de una familia espiritual. Cuando alguien ha vivido el rechazo, pertenecer a una familia que te cuida puede ser un antes y un después: empiezas a creer que puedes ser amado de verdad, sin condiciones.

Y, sobre todo, le ayudó comprender que Jehová la ve valiosa. No porque “no tenga problemas”, sino porque Jehová mira el corazón y ama a sus siervos. Cuando eso baja a la mente, la autoestima deja de depender del trato de la gente (Isaías 49:15; 1 Samuel 16:7).

10. ¿En qué situación terrible estuvo María Magdalena? (Mira también las imágenes).

Estuvo poseída por siete demonios. Eso probablemente la hacía comportarse de maneras que otros no entendían, y cuando la gente no entiende, suele apartar. Así que es fácil imaginarla viviendo el rechazo, el miedo y una sensación constante de inseguridad (Lucas 8:2).

En un periodo así, uno puede sentirse indefenso, como si no tuviera control de su vida. Y además puede pensar: “nadie me quiere cerca”, “soy peligrosa”, “soy una vergüenza”. Esa mezcla de miedo y soledad es devastadora.

Pero Jesús la liberó, y eso no fue solo un cambio de estado: fue recuperar su dignidad. Pasó de estar en un callejón oscuro, figuradamente y literalmente, a caminar con los discípulos con fe. Eso enseña cuánto valor vio Jehová en ella (Lucas 8:2).

11. ¿Cómo le dejó claro Jesús a María Magdalena lo mucho que Jehová la apreciaba? (Mira también las imágenes).

Jesús no la trató como “un caso del pasado”. La invitó a acompañarlo en sus giras, lo que significa que le dio un lugar cerca, acceso directo a su enseñanza y un ambiente donde crecer. Eso es una forma de decir: “Cuentas para Jehová, y cuentas para mí” (Lucas 8:1-3).

Además, el día de su resurrección, Jesús se le apareció a ella y habló con ella. Imagínate lo que eso significa: en el momento más importante, Jesús se acerca a alguien que antes fue marginada. Eso grita valor y dignidad (Juan 20:11-16).

Y todavía más: le encargó un mensaje para los apóstoles. Le dio una responsabilidad. Jehová no solo perdona y cura; también confía y usa a las personas. Para alguien con un pasado oscuro, recibir confianza así te cambia la vida (Juan 20:17, 18).

12. ¿Por qué se sentía rechazada Lidia?

Desde antes de nacer cargó con una herida muy pesada: saber que su madre se planteó abortar. Y luego, durante la infancia, recibir frialdad y palabras crueles crea una idea falsa: “no merezco amor”, “soy mala”, “no valgo” (Salmos 27:10).

Ese tipo de trato te hace vivir buscando aprobación, pero con miedo al rechazo. Es una contradicción agotadora: necesitas que te acepten, pero estás convencido de que no lo lograrás. Y eso afecta a las relaciones, a las decisiones y a tu paz interior.

Su experiencia muestra por qué Jehová insiste tanto en el amor dentro de su pueblo. Porque el rechazo rompe, pero el amor constante puede reconstruir lo que una infancia dura dejó destrozado (Isaías 49:15).

13. ¿Qué ayudó a Lidia a comprender el gran valor que tiene a los ojos de Jehová?

La ayudaron tres cosas muy concretas: oración, lectura de la Biblia y el cariño de los hermanos. No fue instantáneo; fue un proceso de ir cambiando poco a poco. La Biblia le mostró cómo la ve Jehová, y la oración la hizo sentir acompañada (Salmos 34:18).

También fue clave que personas cercanas le recordaran sus cualidades, como su esposo y amigos. A veces tú no te crees nada bueno de ti, pero Jehová usa a otros para repetirte la verdad hasta que empieza a entrar. Ese apoyo es una herramienta de Jehová. (Proverbios 12:25).

Y eso nos deja una pregunta práctica: ¿a quién podemos ayudar nosotros? Hay gente en la congregación que sonríe, pero por dentro se sienten mal. Un mensaje, una conversación, un cumplido sincero puede ser justo lo que Jehová use para levantarlo (1 Tesalonicenses 5:11).

QUÉ PUEDES HACER PARA VERTE COMO JEHOVÁ TE VE

14. ¿Qué nos enseña 1 Samuel 16:7 sobre el punto de vista de Jehová? (Mira también el recuadro “ ¿Por qué valora Jehová tanto a sus siervos?”).

El texto de 1 Samuel 16:7 dice: Pero Jehová le dijo a Samuel: “No te fijes en su apariencia ni en lo alto que es, porque lo he descartado. Dios no ve las cosas como las ve el hombre. El hombre ve lo que tiene ante los ojos, pero Jehová ve el corazón”.

Jehová no mira como mira el mundo. El mundo valora apariencia, estatus o títulos; Jehová mira el corazón, lo que eres por dentro. Eso es liberador, porque tu valor no depende de un espejo ni de una etiqueta social (1 Samuel 16:7; Isaías 55:8, 9).

También enseña que tu autoestima debe basarse en los criterios de Jehová. Por eso ayuda leer relatos de siervos que se sintieron pequeños o hundidos, y ver cómo Jehová los sostuvo y los usó. Eso te reeduca: si Jehová valoró a ellos, también puede valorarte a ti (Romanos 15:4).

Y el recuadro lo refuerza: Jehová nos creó con la capacidad de conocerlo y ser sus amigos, algo que ningún animal puede hacer. Solo esa posibilidad ya te da dignidad. Y si encima decides servirle, tu valor para él aumenta muchísimo, porque estás respondiendo a su amor (Génesis 1:27; Salmos 25:14; Isaías 41:8; Isaías 49:15).

15. ¿Por qué le dijo Jehová a Daniel “Tú eres muy valioso”? (Daniel 9:23).

Daniel 9:23: Cuando empezaste a suplicar, se emitió un mensaje y he venido a informártelo, porque tú eres muy valioso. De modo que analiza el asunto y entiende la visión.

Jehová se lo dijo cuando Daniel estaba muy agotado y desanimado, y aun así seguía orando y buscando a Jehová. Eso muestra que Jehová valora la fidelidad, especialmente cuando cuesta. No es “vales porque no te cansas”, sino “vales porque sigues conmigo aunque estés débil” (Daniel 9:20, 21, 23).

Jehová lo valoraba por cualidades profundas: amor por la justicia, integridad y lealtad a lo largo de toda una vida. Daniel no fue perfecto por ser fuerte físicamente, sino por mantenerse firme espiritualmente. Esa es la clase de valor que Jehová aplaude (Ezequiel 14:14).

Y este relato se escribió para consolarnos. O sea, Jehová quiere que tú lo leas y pienses: “Si Jehová escuchó a Daniel y lo llamó valioso, también escucha mis oraciones”. Él ve tu esfuerzo por hacer lo correcto y no lo olvida (Romanos 15:4; Miqueas 6:8; Hebreos 6:10).

16. ¿Qué te puede ayudar a ver a Jehová como un padre que te quiere?

Meditar en que Jehová te trata como un padre, buscando cómo ayudarte. Si Jehová se dedicara a contar defectos, nadie aguantaría, pero su enfoque es misericordioso. Cuando interiorizas eso, el miedo baja y el corazón se ablanda (Salmos 130:3; Mateo 7:11).

Pensar en detalles que demuestran su ternura: se fija incluso en pajaritos pequeños y en cada cabello. Eso no es para decir “qué curioso”, sino para que entiendas: “yo le importo de verdad”. Ese pensamiento combate directamente la sensación de inutilidad (Lucas 12:6, 7).

Y ayudarte con imágenes mentales sanas, como hizo Eliana: imaginar a Jehová sosteniéndote y protegiéndote. No es fantasía vacía; es una forma de meditar en una verdad bíblica: Jehová es Pastor, carga a los suyos y los cuida con cariño (Salmos 28:9; Oseas 11:4).

17. ¿Qué te puede convencer de que cuentas con la aprobación de Jehová? (Salmo 5:12; mira también la imagen).

Salmo 5:12: Porque tú bendecirás a los justos, oh, Jehová; los cubrirás con tu aprobación como con un gran escudo.

Convencerte de que Jehová realmente te da su favor, y que ese favor protege como un escudo. Cuando lo crees de corazón, las dudas pierden fuerza, porque ya no dependes del “qué dirán” ni de tu autocrítica: dependes de la aprobación de Jehová (Salmos 5:12).

¿Y cómo lo sabes? Primero, porque su Palabra te confirma su amor y su interés por los justos, por los que se esfuerzan. Jehová no es ambiguo: te dice que se fija en tu fidelidad y en tu esfuerzo, incluso cuando es pequeño (Hebreos 6:10).

Segundo, porque Jehová muchas veces usa a otros para recordártelo: ancianos, amigos, hermanos maduros. Si varios te animan y te ven cualidades, no es casualidad. Puede ser Jehová protegiéndote con ese “escudo” a través de su pueblo (1 Tesalonicenses 5:11; Proverbios 12:25).

18. ¿Por qué debes aceptar las palabras de ánimo que te dan?

Porque rechazarlas automáticamente puede ser como rechazar un regalo que Jehová te está enviando. A veces Jehová usa a personas que te quieren para confirmarte: “te apruebo, te valoro, no estás solo”. Si lo tiras por tierra, te quedas sin una medicina que necesitas (Salmos 5:12).

También porque la baja autoestima distorsiona la realidad. Te hace pensar que todo lo bueno es “mentira” y todo lo malo es “la verdad”. Aceptar palabras de ánimo es un acto de humildad: reconocer que quizá tú no te ves bien, pero otros —y Jehová— sí te ven con cariño y equilibrio (1 Samuel 16:7).

Y, con el tiempo, creer esas palabras te fortalece para servir más y mejor. Como en el caso de Eliana: le costó, pero aprendió a aceptarlo, y eso la ayudó a avanzar espiritualmente. Aceptar ánimo no es orgullo; es dejarte ayudar (Proverbios 12:25).

19. ¿Por qué puedes tener la seguridad de que eres de gran valor para Jehová?

Porque Jesús enseñó con ternura cuánto nos quiere nuestro Padre, y lo hizo con ejemplos que llegan al corazón. Si Jehová alimenta y cuida la creación, cuánto más va a cuidar de sus siervos. Esa lógica de Jesús está pensada para matar la duda: “sí vales” (Lucas 12:24).

También porque Jehová te ha atraído, te ha sostenido y te ha dado medios para seguir: su Palabra, su espíritu, la congregación. Eso no se le da a “gente sin valor”. Se le da a personas a las que Jehová quiere salvar y tener cerca (Juan 6:44; Hebreos 6:10).

Y porque tu valor para Jehová no lo define tu pasado, sino tu relación con él hoy. Si tú le sirves, luchas, te arrepientes cuando fallas y sigues adelante, Jehová lo ve y lo aprecia. Y además te invita a ayudar a otros a sentirse igual de valiosos (Lucas 12:24; 1 Tesalonicenses 5:11).

Preguntas de repaso

¿Cómo ayudó Jesús a las personas a ver que eran valiosas a los ojos de Dios?

Las ayudó tratándolas con dignidad cuando otros las despreciaban. Mientras algunos líderes las etiquetaban como ignorantes o “malditas”, Jesús las miró con compasión, les enseñó con paciencia y las atendió. Ese trato les decía: “Para Jehová tú importas” (Mateo 9:35, 36; Juan 7:47-49).

También las ayudó actuando a favor de ellas: curando, animando y devolviendo esperanza. Cuando Jesús se detenía con alguien, le dedicaba tiempo, y le devolvía la salud o la paz, estaba levantando algo más que el cuerpo: estaba levantando la autoestima y la fe (Mateo 9:35; Marcos 1:40, 41).

Y las ayudó formando a otros para multiplicar la ayuda. Al enviar a sus discípulos a predicar y curar, Jesús aseguró que más personas recibirían atención. Eso muestra que Jehová no quiere que nadie se sienta abandonado o sin valor (Mateo 10:5-8).

¿Cómo ayudó Jesús a la mujer que sufría hemorragias?

La ayudó sanándola, sí, pero también cuidando su corazón. Ella se acercó con vergüenza y miedo, pensando que quizá la regañarían. Jesús no la aplastó; la hizo sentir segura, la escuchó y le dio un trato tierno que quitó culpa y miedo (Marcos 5:27-34).

La llamó “hija”, y ese detalle debió ser un abrazo emocional. Es como si Jesús le dijera: “No eres impura para mí; eres parte de una familia que Jehová ama”. Eso le devolvió dignidad después de años de aislamiento y rechazo (Marcos 5:34).

Y le dio paz: “Vete en paz”. O sea, no te vayas pensando que hiciste algo malo por acercarte. Vete tranquila, con la certeza de que Jehová te quiere. Esa es la diferencia entre un milagro frío y una compasión completa (Marcos 5:34).

¿Qué podemos hacer para vernos como Jehová nos ve?

Primero, entrenar la mente con el criterio de Jehová: él mira el corazón, no la apariencia ni el estatus. Leer relatos bíblicos de siervos que se sintieron pequeños y ver cómo Jehová los valoró te ayuda a adoptar su punto de vista (1 Samuel 16:7; Romanos 15:4).

Segundo, acercarte a Jehová como a un Padre: orar, leer, meditar en su ternura, y recordarte que él quiere ayudarte, no hundirte. Cuando lo ves así, la voz de la baja autoestima pierde autoridad (Mateo 7:11; Lucas 12:6, 7; Salmos 28:9).

Tercero, aceptar el ánimo de la congregación como un canal de Jehová. Si hermanos maduros te recuerdan tus cualidades, no lo tires por tierra. Puede ser Jehová confirmándote su aprobación y protegiéndote como con un escudo (Salmos 5:12; Hebreos 6:10; 1 Tesalonicenses 5:11).

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