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Yo estaré contigo cuando hables – Tesoros de la Biblia, Semana del 29 al 5 de Julio

En todas las facetas de nuestra vida necesitamos de alguien que nos apoye, un amigo. Fuimos creados por un Dios amoroso que quería que la humanidad se reprodujera y viviera en un paraíso, es por ello, que somos seres humanos sociales, nos gusta relacionarnos con los demás. Por ello, a lo largo de nuestras vidas vamos desarrollando amistades sanas con hermanos que pertenecen al pueblo de Dios, de esa forma somos felices, nos sentimos realizados y apoyados, y también nos ayudan a portar un escudo protector contra las trampas e injusticias de este mundo.

El pueblo de Dios, es un pueblo de amor, donde todos somos iguales y nos expresamos libremente ya que compartimos los mismos valores cristianos e ideas. Pero el mundo es muy diferente a esto, y se forman relaciones de poder. Es decir, personas que han logrado muchos méritos materiales que son reconocidos por una sociedad inmoral y materialista. Esta posición privilegiada le concede una serie de “derechos” o ventajas sobre los demás, la influencia de ciertas personas pueden afectar a nuestra capacidad económica y financiera poniendo en riesgo el mantenimiento de nuestra familia.

El impacto que puede tener las decisiones de ciertas personas sobre nuestra familia, sobre nosotros mismos, o sobre nuestra relación con Dios hace que se genere miedo en nuestro interior, ya que es una situación donde reina la incertidumbre y está fuera de nuestra zona de confort, que es la unidad cristiana.

Moisés también tenía este miedo. El Faraón es la persona con mayor poder de Egipto, y Moisés, un simple habitante más, ¿lo era? no solo fue un hijo adoptivo sino que había matado a un oficial del faraón por seguir sus normas injustas. ¿A qué ahora tenemos más miedo de lo que pueda decidir o decir el Faraón sobre Moisés? Él también lo tenía.

De hecho, no se veía capaz de hacerle frente, tenía miedo. Veámoslo en Éxodo 4:10 y 13:

“Entonces Moisés le dijo a Jehová: “Discúlpame, Jehová, pero yo nunca he tenido facilidad para hablar, ni en el pasado ni desde que empezaste a comunicarte conmigo, tu siervo. Mi habla es lenta y mi lengua es torpe”.

Pero él le respondió: “Discúlpame, Jehová, pero manda a otra persona, a quien tú quieras, por favor”.”

Hay personas más sociables que otras, sí. Hay personas que se han criado de forma más abierta hacia otras personas, y otras más familiares. Y hay personas que hablan mejor en público que otras, sí, hay personas que están más acostumbradas a hablar con muchas personas y son más espontáneas y extrovertidas. Pero todas, en ciertas situaciones, pueden tener miedo, tensión o nervios al dirigirse en público en ciertas situaciones, sobre todo si la persona que está delante tiene algún tipo de poder o influencia y la incertidumbre de lo que diga o decida te pueda afectar de alguna forma. Si además, eres una persona introvertida, este miedo es mayor.

Este fue el caso de Moisés. Él pidió, rogó, que fuera otra persona. Pero Jehová quiso que fuera él. ¿Lo hizo Moisés? Sí, ¿por qué?

Éxodo 4:11,12: “Jehová le preguntó: “¿Quién le dio la boca al hombre? ¿Quién puede hacer que alguien esté mudo o sordo? ¿Quién puede darle la vista o volverlo ciego? ¿No soy yo, Jehová? Así que ahora vete. Yo estaré contigo cuando hables y yo te enseñaré lo que debes decir”.”

Jehová le prometió que le ayudaría a cumplir con su cometido. El habla, la comunicación, es uno de los grandes regalos que Dios nos ha hecho, podemos transmitir muchas cosas, nuestros sentimientos más profundos. Es un regalo que debemos usar, usarlo bien, y de la forma que Dios quiere. Pero como hemos dicho, a veces no es fácil. Puede que nos entre miedo de lo que nuestras palabras pueden hacer, por ejemplo: ¿qué pensarán de las cosas que pueda decir? ¿qué dirán o pensarán de lo que pienso de cierta situación? ¿y si me equivoco, cómo podría afectar mis palabras a las personas? ¿lo que digo, está o no a la altura de lo que esperan escuchar mis oyentes? ¿me quedaré en blanco o podré transmitir lo que realmente quiero y siento? ¿mis palabras serán un bálsamo reparador y ayudará a mis hermanos? Todas estas preguntas generan incertidumbre, y todo aquello que no podemos controlar, genera miedo. Este miedo lo podemos sentir en este sistema material cuando nos vemos presionados a hablar en cierta situación que no queremos o ante cierta figura de poder.

Pero también puede ocurrir dentro de la congregación con aquellos hermanos que se les han encomendado tareas de pastoreo. No es lo mismo, interactuar con nuestros hermanos de forma individual sobre temas de ocio, familiar u otros, que delante de todos ellos en la plataforma, es en ese momento en el que comienza a aparecer por la mente del hermano todas las preguntas anteriores y otras muchas, normalmente relacionadas con miedos anteriores o situaciones parecidas donde se tiene la percepción que no se hizo lo bien que podía ser.

¿Le dijo Jehová a Moisés que tuviera miedo? No, le dijo que le ayudaría. Tampoco dejó que se echara para atrás o renunciara. Nuestros hermanos al frente de la congregación no rehuyen de sus asignaciones, sino que las ejercen como el enorme privilegio que es, sin miedo al habla aunque lo hayan podido tener o estén nerviosos, y eso es porque Jehová está con ellos ayudándolos. También está con nosotros en todo momento, nos dará y da el poder y ayuda necesaria para afrontar nuestros miedos y hablar de forma fluida ante cualquier persona y situación, y siempre diciendo todo aquello que es oportuno para beneficiarnos de nuestra vida espiritual sin dudar de ningún principio bíblico.

Tal como Dios ayudó a Moises dándole a Aaron para que le ayudara. A nosotros también nos ayuda, con su espíritu santo, con hermanos experimentados en la congregación, con nuestro amigo espiritual de la infancia, con el privilegio de tener un cónyuge, un compañero/a eterna… sea cual sea la forma que adopta esta ayuda, Jehová está con nosotros, nunca nos abandonará y siempre está cuidándonos, protegiéndonos y dándonos el coraje necesario para hacer frente a todas las situaciones de este mundo.

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