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Debemos amar más a Jehová que a nuestra familia – 7 al 13 diciembre

Discurso para tesoros de la Biblia para la semana del 7 al 13 de diciembre con el tema: “Debemos amar más a Jehová que a nuestra familia”.

La expulsión del pueblo de Dios de un hermano o hermana es muy dolorosa para toda la congregación, para todo el pueblo de Dios y para Jehová. Es un suceso que supone un gran impacto en todos nosotros, y este sentimiento de tristeza es aún mayor si se trata, además, de un familiar. Y cuánto más cercano sea este familiar, mayor es el impacto y efecto devastador sobre toda la familia. Estas situaciones nos rompe el corazón a todos, y hace un gran daño emocional a todos los que manteníamos una relación más estrecha con el expulsado. No obstante, por muy doloroso que es, la Biblia es clara a este respecto, y así lo dice el siguiente texto:

Pero ahora les escribo que dejen de relacionarse con cualquiera que, pese a ser llamado hermano, sea sexualmente inmoral, codicioso, idólatra, injuriador, borracho o extorsionador. Ni siquiera coman con esa persona.

1 Corintios 5:11

Se trata de una situación muy difícil que posiblemente no sabremos como afrontar, nos lleve tiempo asimilarlo e incluso necesitemos ayuda de nuestros hermanos. Esto también provoca un gran impacto en nuestra fe y supone una de las grandes pruebas que este sistema malvado de Satanás nos puede presentar. Nuestros sentimientos estarán encontrados, entre el amor por nuestro familiar y nuestro amor por Dios, y aún más si se trata de un hijo, un padre o una madre. Ningún hermano ni hermana podemos imaginar el dolor, la tristeza y la gran prueba que afrontarán ante esta situación. Pero tenemos que estar convencidos que nuestra lealtad y profundo amor a Jehová se antepondrá ante esta situación, y confiaremos en que Dios pondrá en orden todos los asuntos al debido tiempo, ve nuestro dolor, nos ama, y en ningún momento quiere que pasemos por este tipo de situación.

Nuestro amor por Jehová, nos llevará a apoyar sus decisiones y a cortar todo tipo de relación con familiares que ya no sirven a Jehová. Lo que Jehová le mandó a Aarón nos enseña que tenemos que amar a Jehová más que a nuestros familiares expulsados.

Los hijos de Aarón, Nadab y Abihú cometieron un pecado grave contra Jehová en la misma tienda de reunión, un lugar santo para su nombre.

Más tarde, Nadab y Abihú —los hijos de Aarón— tomaron sus braserillos, pusieron fuego en ellos, echaron incienso encima y empezaron a ofrecer delante de Jehová fuego no autorizado, que él no les había mandado ofrecer.  Entonces salió fuego de delante de Jehová y los quemó, así que murieron delante de Jehová

Levítico 10:1,2

El mandato posterior que dio Jehová a Aarón, muestra que al parecer Nadab y Abihú estuvieron bebiendo en exceso, y esto fue lo que provocó un cambio en su actitud y perdieran el respeto por las cosas sagradas, la santidad de la tienda de reunión y todo lo que representa el nombre de Dios. Lo que los impulsó a levantar un fuego no autorizado, ilegítimo, por lo que fueron consumidos por el fuego. Este fuego pudo haber sido ilegal por diferentes razones, por el momento en el que se generó, el lugar o la manera en la que se levantó, o por la mezcla de incienso diferente a las instrucciones sobre este respecto que se habían dado.

El mandato posterior que dio Jehová debido a esta situación y que se mantuvo por tiempo indefinido para la tienda de reunión, es que nadie, ningún sacerdote debía entrar a la tienda de reunión si antes había tomado alcohol o cualquier bebida embriagante, de esta forma, se evitarían comportamientos no propios y no volvería a ocurrir este tipo de suceso. El estado ebrio de Nadab y Abihú no los excusó del pecado que había cometido y tuvieron que compensar con sus vidas.

Posteriormente, ocurre lo que se menciona en Levítico 10:4,5.

Entonces, Moisés llamó a Misael y Elzafán, los hijos de Uziel, tío de Aarón, y les dijo: “Vengan aquí. Saquen a sus hermanos de delante del lugar santo y llévenlos fuera del campamento”.  Así que ellos fueron y se llevaron los cuerpos con sus túnicas puestas fuera del campamento, tal como Moisés les había dicho.

Levítico 10:4,5

Aarón y sus familiares tuvieron que recomponer de esta situación, e incluso sacar a sus propios hermanos fallecidos de la tienda de reunión a fuera del campamento como hemos leído en Levítico 10:4,5. Teniendo cuidado de no rasgar las vestimentas que llevaban y el desplazamiento tenía que ser riguroso, sin lugar al duelo, la tristeza o la conmoción.

Después Moisés les dijo a Aarón y a sus otros hijos, Eleazar e Itamar: “No descuiden su cabello ni se rasguen la ropa, para que no mueran y para que Dios no se indigne con todo el pueblo. Sus hermanos de toda la casa de Israel llorarán por aquellos a los que Jehová mató con fuego.  No se alejen de la entrada de la tienda de reunión. Si no, morirán, porque el aceite de la unción de Jehová está sobre ustedes”. Así que ellos hicieron lo que Moisés les dijo.

Levítico 10:6,7

Este suceso para Aarón tuvo que ser muy doloroso, no podemos imaginar lo que supuso sentimentalmente para Aarón no poder volver a ver a sus hijos más, ni hablar ni estar con ellos, ni volver a tocarlos. No hay cosa peor para un padre que perder a un hijo, y debido a este pecado, Aarón perdió a dos.

Aarón y sus demás hijos recibieron la orden divina de evitar las muestras de duelo que eran normales diciendo: “No vayan a dejar sus cabezas desaseadas, y no deben rasgar sus prendas de vestir, para que no mueran ustedes y para que no se indigne [Dios] contra toda la asamblea”.

De este trágico acontecimiento que vivió Aarón, su familia y el pueblo israelita debemos extraer una clara lección: y es que nuestro amor a Jehová siempre debe estar por encima de nuestro amor a un familiar, y más aún si no se arrepiente de sus pecados.

La Biblia estipula claramente que actos por parte de un cristiano no están permitidos y por ello supone un pecado. Un pecado es una cosa grave a los ojos de Jehová, y requiere una actuación concreta y rigurosa. Toda acción por parte de una persona tiene su reacción, si estas acciones son contrarias a los principios bíblicos, se produce un castigo por las mismas. Sabemos que Jehová nos quiere y nos ama, y es el primero que perdona si la persona que ha cometido un determinado acto inmoral reflexiona sobre su comportamiento y conducta, y se arrepiente profundamente. En muchas situaciones, este proceso lleva tiempo y no es inmediato.

La expulsión se debe a que esta persona ha cometido un pecado grave contra Dios, no se ha arrepentido y ahora es expulsada del pueblo de Dios, de forma que no contamine con sus actos inmorales a toda la congregación y también, reflexione en sus actos y las consecuencias que han tenido, e inicie un proceso interno, en que reflexione sobre cómo ha actuado, y como hemos dicho al principio, Jehová pondrá en orden todos los asuntos al debido tiempo. Si la predisposición de la persona ha cambiado y se arrepiente profundamente de corazón, Jehová es amor y perdona nuestros pecados.

Este amor que nos profesa, también se lo demostramos a Él. Por encima de todas las cosas, se encuentra nuestro Padre celestial. Amamos a muchos familiares y a muchos de nuestros hermanos, pero el amor por Jehová y nuestra lealtad hacia Él se encuentra por encima de todas las cosas, es por ello, que será difícil, pero sabemos lo que dice la biblia y cuáles son las consecuencias de un pecado. Si hiciéramos como si no pasara nada, no estaríamos actuando como Jehová quiere, y tampoco, la persona expulsada verá la gravedad de sus acciones.

Puede que no entendamos lo sucedido en un determinado momento, o el porqué ha pasado tal cosa, o porqué nos ha tenido que pasar a nosotros… habrán muchas cuestiones que pueden surgir y que no encontremos una respuesta. Recordemos que vivimos en este sistema de cosas maligno, y hay cosas que suceden porque está en manos de Satanás… puede que no lleguemos a comprenderlas, el porque una persona puede hacer una cosa u otra en un determinado momento. Pero lo que si haremos siempre, es confiar en Jehová y su Palabra la Biblia. Nuestro entendimiento, discernimiento y nuestra forma de ver las cosas es limitada en comparación de la de nuestro Dios, cuya sabiduría está por encima de la de cualquier hombre, Él mejor que nadie sabe manejar las cosas, los asuntos y sabe lo que corresponder y es mejor para todos los momentos. Nuestra confianza en que Jehová arreglará los asuntos nos tranquiliza y supone un gran alivio en estas situaciones que podemos no llegar a entender, y para ello, obedeceremos, las directrices bíblicas, aún cuando supone un gran dolor y tristeza ya que se trata de un familiar al que amamos tanto y que tanto hemos compartido.

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