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Tesoros de la Biblia | 28 de diciembre al 3 de enero

Discurso preparado de demostración para tesoros de la biblia para la semana del 28 de diciembre de 2020 al 3 de enero de 2021.

¿Qué significa para nosotros el Día de Expiación?

El Día de Expiación era muy importante para los israelitas, tenía lugar en el décimo día del mes séptimo del año sagrado (10 de Tisri, a lo que equivaldría entre septiembre y octubre). En este día los israelitas expiaban, cubrían sus pecados. El sumo sacerdote, en el ejercicio de sus funciones, presentaba y ofrecía ofrendas para cubrir sus propios pecados, los que habían cometidos otros levitas y todos los del pueblo. Además, también purificaban el Tabernáculo de los efectos del pecado que producían una contaminación en él.

Por tanto, en el Día de la Expiación se pedía un perdón por todos los pecados en los que se había incurrido hasta la fecha para el perdón y aprobación de Dios. La condición pecaminosa desde que nacemos como causa del pecado de nuestros primeros padres así lo hace necesario, y es por ello, que el Día de Expiación también es muy importante para todos nosotros, como veremos a continuación.

Como todas las ofrendas que se ofrecían en el Tabernáculo, ésta debía estar a la altura de la santidad de Jehová, manteniendo la rigurosidad y respeto debido por Dios y más en este Día de Expiación donde se producía una purificación total. El sumo sacerdote ejercía a la perfección y con el máximo desempeño sus labores sacerdotales.

“Luego tomará el braserillo lleno de brasas ardientes del altar delante de Jehová y dos puñados de incienso aromático en polvo, y los llevará detrás de la cortina.”

Levítico 16:12

La escena es impactante. El sumo sacerdote estará de frente al Arca del Pacto, es decir, en sentido simbólico estará y se presentará delante de Dios, se para en frente de su misma presencia y le ofrecerá una ofrenda. ¿Nos imaginamos estar enfrente de la misma presencia de Jehová? El sumo sacerdote lleva en una mano un recipiente con el incienso perfumado que generará un aroma muy agradable para Dios y en la otra mano, tal y como leímos, un braserillo de oro lleno de brasas. El sumo sacerdote, entra al compartimiento del santísimo con extraordinario respeto a través de la cortina que lo separa.

Una vez ahí, antes de volver a entrar con la sangre de las ofrendas por estos pecados, el sumo sacerdote, lo primero que hace, es echar el incienso sobre las brasas, de forma que esta sala, este compartimiento se impregna de este aroma que resulta muy agradable a Jehová.

Este incienso muy bien preparado compuesto por elementos de calidad son como nuestras oraciones, que producen el mismo aroma agradable a Dios, pero siempre que las hagamos con sumo respeto, nuestras oraciones a Jehová han de ser con profundo respeto, de esta forma, serán como este incienso que presentaba el sumo sacerdote.

“Que mi oración sea delante de ti como incienso preparado; mis manos alzadas, como la ofrenda de grano del atardecer”

Salmo 141:2

El sumo sacerdote, lo primero que hacía era preparar y producir este aroma agradable, este incienso en todo el santísimo. Nuestras oraciones, con los motivos correctos, es este incienso preparado. ¿Cuál es la ofrenda? Y es por esto que el Día de Expiación tiene una gran importancia para todos nosotros y para todo el pueblo de Dios. Antes de verlo, leamos Levítico 16:13.

“También echará el incienso en el fuego delante de Jehová, y la nube del incienso envolverá la cubierta del Arca, que está sobre el Testimonio, para que él no muera”

Levítico 16:13

Nuestras oraciones, de igual forma, nos protegen. Es el medio que nuestro Creador nos ha dado para que podamos comunicarnos con Él, y no hay mayor privilegio en el mundo que este. La oración es de suma importancia para todos los siervos de Dios y es por ello que tenemos que tratarla como lo que es, con un profundo respeto y amor por la oportunidad que tenemos de contarle todo a nuestro Padre. En Santiago 4:8, en la primera parte, dice “Acérquense a Dios y él se acercará a ustedes”. La oración es la única vía para acercarnos, para fortalecer nuestra relación con Jehová y para hacernos amigos de él, y también, como dice la segunda parte de este mismo texto “Límpiense las manos, pecadores, y purifiquen su corazón, indecisos”. Y la oración es la única manera que tenemos para ello.

Un ejemplo son nuestras reuniones, nuestras asambleas o cualquier acontecimiento. Lo primero que hacemos antes de recibir alimento espiritual, es hacer una oración a Dios, esta nos protege y nos provee espíritu santo para realizar nuestro servicio, como cuando vamos al ministerio, nos protege frente a los peligros que podemos encontrar. Las reuniones las finalizamos con oración y pedimos un perdón por los pecados como humanos imperfectos con tendencia pecaminosa que somos. Las oraciones, nuestras oraciones tienen que ser constantes y con profundo respeto, y tienen que estar bien hechas como los componentes de gran valor que se usaban para el incienso preparado. Este valor se lo añadimos cada uno de nosotros, abriéndonos de corazón, contando nuestros sentimientos más profundos y no haciendo oraciones monótonas o sin sentido.

Porque este es el primer paso, es lo primero que tenemos que hacer, nuestra relación con Jehová es lo primero, es lo primero que hacía el sacerdote, ofrecer este aroma agradable que nosotros también tenemos que ofrecer por medio de la oración, solo así, podemos beneficiarnos de la gran misericordia por el sacrificio que se presentó como ofrenda. El sacerdote, con este aroma, con la nube de Jehová que cubría el Arca se aseguraba que contaba con la aprobación de Dios, misma aprobación que tenemos que tener nosotros para que seamos personas merecedoras.

“Con su dedo salpicará un poco de la sangre del toro enfrente de la cubierta en el lado este. Con su dedo salpicará un poco de la sangre siete veces delante de la cubierta. ”Luego matará el cabrito de la ofrenda por los pecados del pueblo. Llevará su sangre detrás de la cortina y con su sangre hará lo mismo que hizo con la sangre del toro. La salpicará hacia la cubierta y delante de la cubierta”

Levítico 16:14,15

Jesús fue el sacrificio que por medio de su sangre perfecta como humano perfecto dio por toda la humanidad, por la expiación de forma permanente de todos sus pecados y con ello, pudieran huir de la tendencia pecaminosa por naturaleza y ser considerados justos para salvación al poner fe en el Rescate y en la vida que dio por todos nosotros. Jesús sabía cuál era el objetivo de estadía en la Tierra, de que iba a morir en un madero de tormento para la salvación de la humanidad según a voluntad de su Padre. Pero, aunque esto fue un acontecimiento muy importante y una gran muestra de amor para nosotros, lo más importante que tuvo que hacer Jesús antes de ofrecer su vida en sacrificio, antes de salvar a la humanidad fue obedecer lealmente durante toda su vida y ante todas las tentaciones y pruebas que se le presentaron, incluso directamente desde el mismo Satanás, de forma que Jehová aceptara su sacrifico.

El Hijo de Dios demostró que lo era en todo momento, demostró que lo correcto es vivir como Jehová nos manda, probó que la soberanía de su Padre es recta y su manera de gobernar es justa.

Antes de ofrecer Jesús su vida en sacrificio para con todos, tuvo que obedecer a Dios lealmente durante toda su vida para que Jehová aceptara su sacrificio. Nosotros tenemos que obedecer lealmente a Jehová durante toda nuestra vida para que acepte nuestro servicio y nos considere personas justas que les hayan dado una adoración pura.

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