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¿Por qué Jehová no castigó a Aarón por hacer el becerro de oro? – Discurso 5 al 11 de Octubre

El mandato que Jehová había dado era muy clara y contundente. Exigía devoción exclusiva, cualquier otro tipo de culto o adoración a cualquier persona, imagen, objeto o lo que fuera estaba completamente prohibido y tendría serias consecuencias. La ley contra la idolatría fue una de las más importantes y la consecuencia de su pecado tan grave que Jehová estuvo a punto de aniquilar a todos estos israelitas que habían pecado y por los que tanto hizo para liberarlos de la esclavitud del faraón, por los que tanto demostró su amor, su poder y su bondad. En la Biblia leemos que: “Jehová se enojó mucho hasta el punto de querer aniquilarlo”.

No tengas otros dioses aparte de mí. ”No te hagas ninguna imagen tallada ni nada que tenga forma de algo que esté arriba en los cielos, abajo en la tierra o debajo en las aguas. No te inclines ante esas cosas ni te dejes convencer para servirles, porque yo, Jehová tu Dios, soy un Dios que exige devoción exclusiva. Hago que el castigo por el error de los padres recaiga sobre los hijos, sobre la tercera generación y sobre la cuarta generación de los que me odian,

Éxodo 20:3-5

Son palabras muy directas y claras que fueron olvidadas desde que volvió a surgir una dificultad en ese pueblo que era la larga ausencia de Moisés. El miedo comenzaba a aflorar en las vidas de estos israelitas, se sentían desprotegidos frente a posibles amenazas externas, por lo que pidieron, rogaron e insistieron a Aarón para construir un becerro que representara a Dios, una imagen u objeto al que pudieran ver para saber que estaba ahí y adorarlo y postrarse ante él para pedir protección a sus miedos. La fe que tenían los israelitas, la cual debería de haber sido muy robusta al ver todo lo que hizo Jehová por ellos en Egipto, se fue debilitando con el paso del tiempo, hasta el punto que olvidaron la ley de la idolatría y pecaron contra Dios.

Además, Jehová le dijo a Moisés: “He visto que este es un pueblo terco. Ahora déjame exterminarlos, porque estoy furioso con ellos, y haré de ti una nación grande”.

Éxodo 32:9,10

Sin embargo, Jehová no llegó a exterminar a este pueblo, y tampoco castigó a Aarón por ser el artífice de la construcción de esta estatua de oro. ¿Por qué? Son varios los motivos, y empezamos por el que encontramos en Santiago 5:16:

Por lo tanto, confiésense abiertamente los pecados unos a otros y oren unos por otros, para que así sean sanados. El ruego del hombre justo tiene un efecto poderoso.

Santiago 5:16

Moisés fue este hombre justo cuyo ruego a Jehová para que no destruyera al pueblo que había salvado evitó tal final. Pero este ruego se reforzó con otra serie de motivos que hizo que Jehová reflexionará en la furia que sentía por la defraudación que habían cometido contra Él. Y algunas de estas razones las encontramos en los argumentos que dio Moisés. Uno de ellos fue: el gran esfuerzo y muestras de poder y amor para salvar a un pueblo en manos de un gobernante malvado, el faraón, por medio de 10 plagas implacables y el desenlace en el Mar Rojo.

Jehová, después de todo lo que había hecho por estas personas, todo el extraordinario poder que demostró al mundo y el gran liderazgo que ejerció para lograr un pueblo libre y feliz lejos de la tiranía de gobernantes humanos, corruptos y egocéntricos. No podía posteriormente destruir a todo el pueblo que había salvado de esta esclavitud, ya que de esa forma se recordaría más esta destrucción que las obras que Jehová había hecho en favor de ellos y que quería que fueran recordadas por las demás tribus y naciones para que recordaran eternamente que Jehová Dios es el único Dios verdadero.

Otra de las razones por las que no castigó de la destrucción a todos estos israelitas y concretamente a Aarón que fue quien organizó todo para la construcción de este becerro fue la enorme fidelidad que había demostrado tiempo atrás para que fuera posible que se hiciera la obra De Dios frente al faraón. Acompañó en todo momento a Moisés como interprete de las señales que Jehová el transmitía a ese gobernante terco. Sin Aarón, Moisés no hubiera sido capaz de declarar él solo la voluntad de Dios frente al faraón. Aarón y Moisés obedecieron en todo momento las instrucciones de Jehová, y aún con el riesgo de que el faraón pudiera terminar con sus vidas y que los tratara con dureza se mantuvieron leales, fieles y confiaron en Jehová en todo momento.

Esta lealtad constante que había demostrado Aarón fue una razón convincente que explica que el que Aarón haya construido esta estatua se debe a un error humano, un pecado de una persona imperfecta que se había visto en una situación muy difícil. Habían pasado 40 días desde que Moisés se fue y no había ninguna forma de saber nada de él, en aquel tiempo no habían móviles, no sabían si se había ido para no volver o si ni siquiera seguiría vivo. Esta incertidumbre impulsa a las personas imperfectas a pensar y ponerse en lo peor, y empiezan a surgir miedos. Este miedo se convirtió en una creciente presión por la necesidad de hacer algo que pensaban los israelitas que tenían que hacer en esa situación, nueva para ellos, y es por eso que pensaron que sería oportuno la construcción de esta estatua, olvidaron la ley de la idolatría. Esta presión creciente cada día de todos estos hermanos israelitas contra Aarón (visto como el segundo de Moisés) le llevó a sucumbir y darle la razón al pueblo construyendo este becerro de oro. Este acto de Aarón no fue mal intencionado, sino que realmente pensaba que era correcto, hasta el regreso de Moisés.

La forma de reaccionar de Aarón tras la conversación con Moisés y los actos que hizo después, demuestran que Aarón reflexionó y llegó a la conclusión que efectivamente había errado en su decisión, había pecado sin ni siquiera quererlo y tenía que actuar para ganarse nuevamente la aprobación de Dios. Tal como un hermano en la actualidad puede pecar contra Jehová, tiene que reconocer su error humano, reflexionar, arrepentirse y volver a ganarse la aprobación de Dios día a día. Aarón había sucumbido a la presión y los deseos de sus hermanos, y tuvo que reflexionar profundamente de corazón sobre las acciones que había hecho.

Aarón fue culpable de sucumbir a esta presión, no se excusó en ella sino que reconoció su pecado. Pero, evidentemente, no fue el único culpable, los demás culpables fueron los que ejercieron esta presión.

Al día siguiente, Moisés le dijo al pueblo: “Ustedes cometieron un pecado muy grave. Así que ahora subiré a la montaña a hablar con Jehová para ver si puedo hacer algo para que perdone su pecado”.

Éxodo 32:30

Todo el pueblo que se dirigió a Aarón, lo presionó para la construcción de esta estatua y la adoraron posteriormente habían pecado gravemente al hacer caso omiso a la ley de la idolatría.

Finalmente, por medio de la mediación de Moisés y la gran misericordia de Jehová, demostrando en esta ocasión otra gran cualidad de la que carecen los gobernantes actuales, tanto Aarón como el pueblo se beneficiaron de esta gran misericordia. Jehová había perdonado a Aarón, hasta el punto que ordenó a Moisés que lo estableciera como sumo sacerdote. El perdón es ora gran cualidad de Jehová.

“Entonces debes hacer que Aarón y sus hijos se acerquen a la entrada de la tienda de reunión y debes lavarlos con agua. Tienes que ponerle a Aarón las prendas de vestir santas, ungirlo y santificarlo, y él llegará a ser mi sacerdote.

Éxodo 40:12,13

Jehová había perdonado la debilidad humana de Aarón, ya que en su interior, era un leal y humilde defensor de la adoración pura y sin tacha que requiere y exige Dios.

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