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Los apóstoles de nuevo quieren prominencia (Capítulo 98)

Jesús y sus discípulos siguen viajando por Perea hacia el sur y ahora cruzan el río Jordán cerca de Jericó. Les falta poco para llegar a Jerusalén. Otras personas viajan con ellos para la celebración de la Pascua del año 33.

Jesús va delante de los discípulos, decidido a llegar a la ciudad a tiempo para la Pascua. Pero los discípulos tienen miedo, pues no hace mucho, cuando Lázaro murió y Jesús se disponía a ir de Perea a Judea, Tomás les había dicho a los demás: “Vayamos nosotros también y muramos con él” (Juan 11:16, 47-53). Así que ir a Jerusalén es arriesgado, y es normal que los discípulos estén asustados.

Con el fin de prepararlos para lo que viene, Jesús lleva a sus apóstoles aparte y les dice: “Estamos subiendo a Jerusalén, y allí el Hijo del Hombre va a ser entregado a los sacerdotes principales y a los escribas. Lo condenarán a muerte y lo entregarán a hombres de las naciones, que se burlarán de él, le darán latigazos y lo ejecutarán en un madero; y al tercer día será resucitado” (Mateo 20:18, 19).

Esta es la tercera vez que Jesús les habla a sus discípulos sobre su muerte y resurrección (Mateo 16:21; 17:22, 23). Pero, en esta ocasión, les menciona que lo van a ejecutar en un madero. Aunque los discípulos lo están escuchando, no comprenden del todo lo que Jesús les quiere decir. Tal vez sea porque esperan que se restablezca el reino de Israel y desean disfrutar de gloria y honra en un reino terrestre con Cristo.

La madre de los apóstoles Santiago y Juan, que probablemente es Salomé, también viaja con ellos. Debido al carácter impetuoso de estos dos apóstoles, Jesús les ha dado un nombre que significa “hijos del trueno” (Marcos 3:17; Lucas 9:54). Hace algún tiempo que ellos desean ocupar un lugar importante en el Reino de Cristo, y su madre lo sabe. Así que ella se acerca a Jesús y se inclina ante él para pedirle un favor en nombre de sus hijos. Entonces Jesús le pregunta: “¿Qué es lo que quieres?”. Ella le responde: “Manda que mis dos hijos se sienten contigo en tu Reino, uno a tu derecha y otro a tu izquierda” (Mateo 20:20, 21).

En realidad, esta petición viene de Santiago y Juan. Así que Jesús, que acaba de describir la situación tan vergonzosa y humillante que le espera, les dice: “Ustedes no saben lo que están pidiendo. ¿Acaso pueden beber de la copa de la que yo estoy a punto de beber?”. Ellos le responden: “Sí podemos” (Mateo 20:22). Sin embargo, es probable que no comprendan lo que eso implica para ellos.

A pesar de todo, Jesús les dice: “Sí, ustedes van a beber de mi copa, pero yo no soy el que dice quiénes van a sentarse a mi derecha y a mi izquierda. Esos lugares son para aquellos para quienes mi Padre los ha preparado” (Mateo 20:23).

Al enterarse de lo que han pedido Santiago y Juan, los otros 10 apóstoles se molestan mucho. Quizás Santiago y Juan expresaron sin rodeos sus ambiciones cuando los apóstoles discutieron anteriormente sobre quién era el más importante (Lucas 9:46-48). Sea como sea, esta petición demuestra que ninguno de los 12 apóstoles ha aplicado el consejo de Jesús de portarse como uno de los menores. Siguen teniendo el deseo de destacar.

Así que Jesús decide corregir este desacuerdo y la situación desagradable que está creando. Llama a los 12 apóstoles y les aconseja con bondad: “Saben que los que parecen gobernar a las naciones dominan al pueblo y que sus hombres importantes tienen autoridad sobre la gente. Entre ustedes no debe ser así. Más bien, el que quiera llegar a ser grande entre ustedes tiene que servir a los demás y el que quiera ser el primero entre ustedes tiene que ser el esclavo de todos” (Marcos 10:42-44).

A continuación, Jesús les menciona que deben imitar el ejemplo que él mismo les ha puesto. Les dice: “El Hijo del Hombre […] no vino para que le sirvieran, sino para servir a los demás y para dar su vida como rescate a cambio de muchas personas” (Mateo 20:28). Jesús lleva unos tres años sirviendo a los demás, y lo hará hasta el punto de morir por la humanidad. De modo que sus discípulos deben tener esa misma actitud. Deben estar dispuestos a servir en vez de que les sirvan y portarse como uno de los más pequeños en vez de desear una posición prominente.

¿Cómo prepara Jesús a sus discípulos para lo que les espera? ¿Qué le piden dos apóstoles a Jesús, y cómo reaccionan los demás? ¿Cómo corrige Jesús a sus apóstoles por su deseo de prominencia?

RESPUESTAS

¿Cómo prepara Jesús a sus discípulos para lo que les espera?

Jesús sabía de los temores de sus discípulos al dirigirse a Jerusalén. Conocía la incertidumbre que había en ellos. Sin embargo, en ese viaje, no fue la primera vez que Jesús los había avisado, sino que sería la tercera. Aunque esta vez, debido a la cercanía de los acontecimientos, aparta a los apóstoles, habla con ellos, y les da más información sobre lo que ocurrirá como se puede leer en Mateo 20:18,19. De esta forma, cuando llegue el momento -aunque ahora mismo no puedan comprenderlo en su totalidad- estarán preparados.

¿Qué le piden dos apóstoles a Jesús, y cómo reaccionan los demás?

Santiago y Juan, conocidos por su carácter impetuoso, tenían grandes expectaciones en el papel que jugarían con Cristo en su Reinado, de forma que la madre de estos apóstoles (en nombre de ellos) se acercó a Jesús y le pide que sean sus dos hijos los que reinen de forma más cercana con Cristo, uno a su derecha y otro a su izquierda. ¿Cómo se sintieron los demás apóstoles? Comprensiblemente molestos.

¿Cómo corrige Jesús a sus apóstoles por su deseo de prominencia?

Jesús, conocedor de este ambiente de tensión insano, actúa como de costumbre, con bondad, aconsejándolos con amor. Los comparara con los gobernantes de este mundo y su defecto de buscar poder, de dominar y tener autoridad sobre los demás. Él dice, que ellos deben ser diferentes, que el que quiera ser el mayor debe ser esclavo de los demás, disponer de su vida a favor de los demás, como se puede leer en Marcos 10:42-44.

COMENTARIOS EXTRA SOBRE EL CAPÍTULO Y PASAJES BÍBLICOS

1) Un viaje siempre levanta expectación, cuando nosotros viajamos estamos emocionados por un lado, y con cierta incertidumbre por otro, ya que pueden ocurrir situaciones no esperadas en un país que no conocemos. De igual forma se sentían estos discípulos y apóstoles de camino a Jerusalén. Ansiosos por celebrar la Pascua del año 33 con Jesús, y temerosos por no saber lo que les esperaba al final del camino, cuando llegasen a Jerusalén.

2) Este viaje que estaban realizando iba con aviso, y un aviso peligroso. Más bien que un viaje de celebración, era un viaje del miedo. ¿Por qué? Viajaban con una no, con varias advertencias sobre qué podía ocurrir una vez llegaran a Jerusalén. Una de ellas, fue la que encontramos en Juan 11:16, cuando Tomás dijo: “Vayamos (…) y muramos con él”.

3) Muchos de los discípulos que iban en este viaje, esperaban, posiblemente un desarrollo de los acontecimientos muy diferentes a los avisos que Jesús les había dado sobre su muerte y Resurrección. Es Jesús, ¿qué le podía pasar a él? Puede que sea lo que pensaran mucho, que esperaran un acontecimiento muy importante, pero no en el sentido de su muerte, sino en el del establecimiento de un reino terrestre con el Hijo De Dios.

4) Las ambiciones de los apóstoles Santiago y Juan produjeron un malestar general entre todos los apóstoles, entre el propio Jesús e incluso, entre nosotros mismos al estudiar este artículo. de modo, que en la actualidad no queremos prominencia de parte de los ancianos u otros hermanos con responsabilidades en la congregación. Somos, hermanos, fieles esclavos al servicio de Dios quien nos usa para fortalecer a la congregación con bondad y con amor, no con privilegios o autoridad. Debemos seguir el ejemplo de Jesús en todas las facetas de nuestra vida y comportarnos como uno de los menores.

5) En Lucas 9:47,48. Podemos notar la bondad y amor que deben mostrar aquellas personas que quieren servir a los demás y disponer de más responsabilidades para hacerlo en mayor grado. Se dice, que por muchas responsabilidades que uno puede tener, nunca podemos estar por encima de nadie, ni siquiera en el ejemplo que Jesús pone del niño, al contrario, tenemos que ser esclavos de cada uno de nuestros hermanos y desvivirnos y dejar nuestra vida por ellos, tal como hizo Jesús.

6) El único hombre que ha pisado la Tierra y que ha podido, con todo derecho mostrar autoridad sobre los demás y mandar sobre ellos en todo lo que él quisiera no ha hecho. ¿Por qué podríamos nosotros? En ciertas ocasiones, podemos pensar que llevamos la voz cantante y que las personas deben hacer lo que nosotros decimos porque somos más listos que ellos, o porque en estas situaciones sabemos mejor qué hacer. ¿Es eso cierto? En Marcos 10:45, dice que el Hijo del Hombre ni siquiera vino para que le sirvieran, sino para servir a los demás. No debemos decir qué hacer a las personas, sino ayudarles y estar a su servicio como un esclavo fiel al igual que Jesús, instruyendo con la Palabra De Dios.

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