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Las terribles consecuencias de la primera mentira

Toda acción tiene una reacción. Así lo dice una de las leyes más conocidas de la física. La tercera Ley de Newton o también conocida como “Principio de acción-reacción”. Dice así: “cuando un cuerpo ejerce una fuerza sobre otro, éste ejerce sobre el primero una fuerza igual y de sentido opuesto”. Es decir, nuestras acciones tienen consecuencias.

Por muy pequeña que pueda ser una mentira, tendrá una reacción. Aunque nos engañemos a nosotros mismos diciendo frases tipo como: “es solo una pequeña mentira piadosa para no hacerle daño” o “mejor se lo contamos, pero obvia esa parte, así no se enterará”; en esta última, ¿estamos mintiendo? En esa situación, estamos contando la verdad, pero no toda la verdad cuando realmente conocemos todos los hechos, así que en cierto modo, en el fondo, es ocultación de la verdad y termina siendo una mentira -aunque esto se pueda discutir- lo que no es discutible, es que, actuemos como actuemos, siempre habrá una reacción de la otra parte.

Esta reacción puede tener pequeñas o grandes consecuencias. ¿Las más grandes? Las de nuestros primeros padres cuando el Diablo calumnió a Dios por medio de Eva, en la segunda parte del primer versículo del capítulo 3 de Génesis, podemos leer: “¿De veras les dijo Dios que no pueden comer de todos los árboles del jardín?”. Eva, aún teniendo conocimiento cierto y directo de Jehová, con una sola directriz que era: “de ese árbol no deben comer”, desobedeció por el engaño de una serpiente sin autoridad de la Dios al insistirle en que no morirán sino más bien, serían como Dios, conociendo lo bueno y lo malo.

Eva desobedeció creyendo una mentira, y también mintió. Como dijimos en el ejemplo del principio, ocultó la verdad a Dios, al igual que Adán en un periodo corto de tiempo.

Y Jehová Dios siguió llamando al hombre y diciéndole: “¿Dónde estás?”

Por fin él dijo: “Oí tu voz en el jardín, pero tuve miedo porque estaba desnudo, y por eso me escondí”

Génesis 3:9,10

La astucia e insistencia del Diablo llevó a que Eva y posteriormente Adán, desobedecieran a Dios. En la actualidad, cómo no podía ser diferente, se nos tienta igual que a ellos, constantemente. El mundo espera una reacción de nosotros, ¿le daremos la que ellos quieren o la que quiere Dios? En todas las situaciones de la vida y problemas existen dos o varios salidas. Es fácil decirlo. Cuando pasamos por una situación complicada o que nos pone la fe a prueba, nuestro cerebro funciona de forma lineal, y quizás, solo se centra en una forma de solucionar las cosas, y puede que esa no sea la correcta. Recordemos, toda acción tiene consecuencia. En esos casos en los que no podamos encontrar otra salida que sea correcta, debemos, simplemente retroceder. Muchas veces en la vida hay que dar un par de pasos atrás para volver a poder avanzar. En ese retroceso, tenemos que tener muy en mente la Palabra De Dios por medio de la Biblia, si así lo hacemos, nuestro cerebro, cuando se encuentre en un estado mas calmado y relajado, encontrará esa otra salida que estaba allí esperándonos pero que no veíamos debido a nuestro estado provocado o caliente.

Adán se encontró en la misma situación que describimos, su fiel y amada compañera eterna había cometido un acto deplorable y no aceptado a los ojos De Dios. En ese estado cumbre de emociones, la pasión por su esposa se antepuso a su entendimiento y amor por su Padre. El temor de Adán de perder a su esposa superó su razón de hacer lo correcto y no vio las consecuencias de sus actos.

Las consecuencias de sus actos fueron drásticas, solo tenemos que ver las noticias para ver el estado del mundo.

Dios maldijo a la serpiente, que es la que sigue entrampando a las sociedades actuales. No a Adán o Eva, que si tuvieron consecuencias. Entre las consecuencias podemos citar el sometimiento del hombre a la mujer, que aunque en la congregación cristiana este hecho, gracias a Jehová, no tiene lugar, son muchos los casos en el mundo sobre esta situación, y en algunos casos, con desenlaces inquietantes. A esto unimos los dolores y sufrimiento en el parto y durante el mismo. Jehová quería que la tierra fuese poblada por muchos de ellos, por lo tanto, los nacimientos serían un acto de celebración y de gozo completo, no de dolor como actualmente, por mucho que avance la medicina. El hombre, Adán, estaría condenado a trabajar de por vida para ganarse el pan cada día… se maldijo el suelo, de forma que costó mucho trabajarlo posteriormente, hasta el tiempo del diluvio cuando Dios bendijo a Noé. ¿Las consecuencias para nosotros? Todas las anteriores, el no poder vivir feliz y en tranquilidad en un paraíso, sino vivir en el actual sistema de cosas.

No olvidemos, que Jehová conoce todo de nosotros y a él no le podemos esconder nada. Sería absurdo pensar que él no sabe nada algo de nosotros e intentarlo ocultar o no reconocerlo. Respecto a nuestros familiares, hermanos u otras personas a las que tengamos aprecio, ¿sabéis una forma de demostrarlo públicamente a ellos? Diciendo siempre la verdad. ¿Y al resto de las personas? Qué sentido tendría mentir a alguien que ni siquiera conocemos y que, a priori, no nos debería importar la reacción de ellos sobre nosotros respecto a nuestra forma de pensar y actuar con la nueva mentalidad cristiana. Debemos alejarnos de malas compañías y compartir momentos con aquellas personas que quieran compartirlos con nosotros con los mismos principios cristianos, el resto de personas, no nos debe importar el “qué dirán”. El amor que procesamos con nuestros seres queridos y hermanos en la fe es lo máximo que podemos lograr, y una forma de conseguirlo y mantenerlo, es obedeciendo los principios bíblicos, donde la mentira no existe.

De esta forma, mientras amamos a nuestro entorno más importante, estamos dando ejemplo con nuestro comportamiento limpio alzando el nombre de Jehová, nuestro Padre, le haremos sentir feliz y orgulloso. Somos capaces de resistir las tentaciones y defender la verdad de su nombre y Palabra, sin ceder en ninguna de las mentiras que este mundo tiene agendadas en su vida cotidiana, donde se duda de su existencia, de su personalidad con algo místico, de su nombre, de atormentar a las personas, de que sea el culpable de todo lo que sucede, de que no se preocupa de nosotros, y de otras muchas. La felicidad de nuestro rostro y acciones reflejará la personalidad feliz, humilde y bondadosa de Jehová.

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