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Jóvenes, ¿por qué mis padres no me entienden?

El tiempo corre, el tiempo pasa… y en un cerrar y abrir de ojos pasamos de nuestra querida infancia… aquella en la que solamente nos teníamos que preocupar por jugar y divertirnos… aquella en la que solamente le pedíamos a nuestros padres ir al parque o ahora, más modernamente, pedirle el móvil para jugar o alguna videoconsola … a la adolescencia… al temible o no instituto o universidad.

Pasamos de un entorno controlado prácticamente al 100% por nuestros padres a un entorno en el que nuestros padres piensan saber mucho, pero en realidad, no saben prácticamente nada de lo que hacemos. Esa es la realidad. Y en este nuevo entorno, empiezan a surgir decisiones que tenemos que empezar a tomar los jóvenes. Ya no están nuestros padres para que decidan por nosotros.

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Un joven ya no ve lo mismo que miraba cuando éramos niños. Ya no nos preocupa jugar hasta tarde hasta la hora a dormir, ahora nos preocupa lo que puedan decir de nosotros… la presión social que ejercen otros adolescentes sobre nosotros por el simple hecho de ser diferentes. Porque así es, lo somos. Sí, somos adolescentes igual pero somos muy diferentes y sin embargo compartimos el mismo espacio durante muchas horas, tantas horas que nuestros profesores posiblemente ya nos conocen mejor que nuestros padres.

No solo compartimos un aula, compartimos un recreo, compartimos unas redes sociales (Facebook, Instagram… como las más normales), grupos de WhatsApp, messenger, etc. Y claro, seguimos siendo diferentes, y somos una minoría. Vemos como todos hacen cosas, por ejemplo, beber alcohol y hablar de chicas y chicos. Nosotros hablamos de Jehová, y no nos emborrachamos.

Somos adolescentes, sí. Pero somos muy diferentes.

Hemos pasado de que nuestros padres lo decidan todo por nosotros, a nosotros decidirlo todo. Y claro, nuestras decisiones no la contamos. En el periodo de la adolescencia, entre los 13-14 años hasta entrados los 24-25 parece que la comunicación de los jóvenes con los padres desaparece. Y tiene sus explicaciones y causas. ¿Cómo podemos solucionar esto? Porque, Padres, vuestros hijos los necesitan, pero no de la forma que les necesitaban antes siendo niños ni de cómo pensáis en primer momento que os necesitan.

Los jóvenes, no necesitan que les diga que tienen que hacer o lo que tienen que decidir en cada cosa, tampoco necesitan que les digan que eso está mal, o frases como “¿no, creo que hagas eso, no harás tal cosa no?”. Un joven solo necesita que un padre lo entienda, y en muchos casos -casi la mayoría-, ni siquiera necesita que diga nada, solo que lo escuche y asiente.

Los padres, por otro lado, deben confiar en la educación espiritual que les han dado a sus hijos durante su infancia. Es esa base, la única que les ayudará a tomar buenas decisiones.

Muchos jóvenes no deciden compartir sus preocupaciones con sus padres

Los jóvenes vemos a los padres cómo lo que son, como padres. No pensamos en ellos cuando fueron pequeños o que ellos también fueron jóvenes y pasaron por lo mismo que estamos pasando nosotros… esta es una reflexión más profunda, y normalmente los jóvenes ven a sus padres como padres y en muchos casos, cuya autoridad les restringirá su libertad o se enfadarán por lo que hacen sus hijos.

Estas frases son recurrentes en los jóvenes… “Mis padres son de otra época”, “La sociedad está muy avanzada para que me entienda”, “No sabe nada de redes sociales”, “Ahora mis problemas son muy diferentes a los de su época”, “En su entonces esto no existía”, “Lo ve mal porque es muy tradicional”, “Siempre está trabajando y solo piensa en sus problemas”, “No le interesa lo que yo pienso”, “Cree que mis problemas son una tontería”, “No le da importancia a mis decisiones”, “Nunca se pone en mi lugar, como si sus decisiones fueran perfectas”.

Son solo unas pocas frases y faltarán mil más. ¿Está el joven equivocado? Posiblemente no. ¿Estará el padre equivocado? Posiblemente tampoco.

Nadie tiene la verdad absoluta, y nadie nunca tendrá la razón completa. Porque somos humanos imperfectos, y todos fallamos y cometemos errores. Nadie tiene la sabiduría de Dios para afirmar lo que está bien y lo que está mal.

¿Cuál es la solución, entonces?

Tanto padres como jóvenes tienen que ser conscientes de que somos imperfectos, de que no lo sabemos todo, y de que nada que hagamos, ni nuestros padres ni nosotros mismos puede estar del todo bien. Por tanto, tenemos que comprender nuestras limitaciones personales, comprender que nosotros los jóvenes también tenemos una parte de la culpa de que nuestra relación y comunicación con nuestros padres pueda estar un poco distante y fría. Y nosotros como padres, también debemos comprender lo mismo, y aceptar nuestra parte de culpa.

Al final del día, joven, tus padres seguirán siendo tus padres, y estarán siempre ahí para ti. Siempre te querrán, y esa es una gran diferencia con los amores que puedes encontrar en este mundo. En tus padres siempre podrás encontrar un hombro donde llorar, cosa que quizás no siempre logres fuera. Y vosotros padres, tus hijos siempre serán tus hijos, y no hay mayor privilegio y deleite para los padres que este galardón que Jehová les ha dado.

Claro, nosotros como padres queremos lo mejor para nuestros hijos… pero ya no son niños, han crecido y ahora tienen sus vidas. Y no hay mayor orgullo para nosotros ver cómo crecen y se desarrollan, ver como logran sus metas. Es uno de los motivos por los que hemos decidido tener hijos. Es por eso, que tenemos que dejarlos volar y que tomen sus decisiones. Recordemos que Jehová, protegió a Jesús de una serie de peligros cuando era un niño y joven, pero no de todos. Jehová sabía aquellas circunstancias a las que tenía que protegerlo, y también sabía aquellas en las que tenía que decidir Jesús para que él mismo aprendiera.

Joven, los padres entienden mucho mejor las situaciones por las que pasáis que lo que vosotros pensáis. Puede que en algunas ocasiones, en sus respuestas no lo veáis y os lleve a pensar la típica frase “es que tú no lo entiendes”. Si lo entiende, por muy avanzada que esté la sociedad, por muchos mb que tenga esa conversación de Whatsapp con “tu amiga”… el mundo habrá avanzado, la tecnología también pero la conducta humana no.

Los padres también pasamos problemas, aunque puedas ver a tu madre o tu padre siempre mirarte con una sonrisa, detrás de esa sonrisa puede haber mucho dolor, mucho sufrimiento y muchas preocupaciones que no conoces. Puede que tú solo veas que tus padres no entiendan que te guste tal chico y tal chica… pero es que mientras tú le estás contando eso, tu padre o tu madre, puede estar pensando en su mente lo siguiente que no sabes… “hoy me han dicho en el trabajo que no me renuevan y se me termina contrato el próximo mes, ¿qué haré para mantener a mi familia y a mi hijo/a?”.

Claro que tus padres te escuchan, te comprenden y te quieren. Y ellos mismos son los primeros que en el fondo saben, si han sido demasiados duros contigo en sus respuestas. Pero, si lo han sido, por algo será. También puede ser, que tampoco hayas sido el mejor hijo/a o lo hayas dicho de las mejores formas o en el mejor momento aquello que te preocupaba.

Recuerda las palabras de Proverbios 29:11:

“EL insensato da rienda suelta a todas sus emociones, pero el sabio las tiene bajo control y mantiene la calma”

Proverbios 29:11

Todas las familias son imperfectas y tienen muchos problemas. Joven, sabes que vivimos en un sistema dominado por Satanás. Mira a tu alrededor, mira lo que te enseñan en la escuela, mira a tus compañeros de instituto o universidad y ahora compara, compara contigo, compara con otros países del mundo. Tenemos que dar gracias por lo que tenemos, tenemos que dar gracias por criarnos en la verdad y no ser parte de todos los problemas que pasan estas familias que no creen en Dios. Tu familia tendrá problemas, pero imagínate si no conociese a Jehová, cuántos más serían.

Tus padres sí te entienden, quizás no reaccionan de la forma que tú quieras, pero eso tampoco significa que tengan que hacerlo así. Si te dicen justamente lo que querías escuchar es posible que no aprendas o que te metas en más problemas. Si crees que no te escuchan o no les importa lo que les dice o no le importa tu vida, no es verdad.

Recuerden, jóvenes y padres los siguientes principios bíblicos aplicados:

  • Sus hijos tienen vidas diferentes y no tienen porqué contarlo todo, tienen su intimidad, su libre albedrío y su capacidad de decisión. Para eso los hemos educado, y lo hemos hecho bien. Tenemos que confiar en nuestros hijos, ellos saben lo que dice la Palabra De Dios la Biblia y saben lo que dice Proverbios 3:32: “Porque Jehová detesta a las personas retorcidas, pero tiene una estrecha amistad con las que son rectas”. Si hay algo muy importante que un hijo les tiene que contar, lo hará.
  • Los hijos no tienen porqué contarlo todo, sí las cosas importantes que pueden suponer un peligro en su relación con Dios. Pero eso no significa que tampoco les cuenten nada, es imprescindible mantener una buena comunicación con sus padres, porque son tu familia y te quieren. Los padres deben hablar también con los hijos y dejar sus problemas un momento a un lado. Para ambos, recuerden estos dos textos bíblicos: Colosenses 4:6: “Que sus palabras sean siempre agradables, sazonadas con sal, para que sepan cómo deben responder a cada persona” y busquemos los momentos oportunos para ambos, Proverbios 25:11: “Como manzanas de oro en adornos de plata, así es la palabra dicha en el momento oportuno”.
  • Por último, para concluir este discurso, no solo los jóvenes debemos hablar con nuestros padres porque sean nuestros padres, sino porque trae muchas bendiciones y así lo quiere Jehová, leamos Job 12:12: “¿Acaso no hay sabiduría entre la gente mayor? ¿Y no da entendimiento una larga vida?”. La sabiduría de tus padres no la encontrarás en ninguna entrada de la Wikipedia.

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