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Jesús cura a dos ciegos y ayuda a Zaqueo (Capítulo 99)

Jesús y los que viajan con él llegan a Jericó, que está aproximadamente a un día de camino de Jerusalén. Jericó está formada por dos partes: la ciudad antigua y la ciudad nueva, que está a casi dos kilómetros (una milla) de distancia y fue construida en la época romana. Cuando Jesús y la multitud que lo sigue van de una parte de la ciudad a la otra, dos mendigos ciegos oyen el alboroto. Uno de ellos se llama Bartimeo.

Cuando Bartimeo y su compañero se enteran de que Jesús está pasando por ahí, empiezan a gritar: “¡Señor, Hijo de David, ten compasión de nosotros!” (Mateo 20:30). Algunos los regañan y les ordenan que se callen, pero ellos gritan aún más fuerte. Al oírlos, Jesús se detiene y les pide a sus acompañantes que llamen a estos hombres que están gritando. Ellos se acercan a los mendigos y le dicen a uno: “¡Ánimo! Levántate, que te está llamando” (Marcos 10:49). El ciego, emocionado, se quita rápidamente el manto, se pone de pie de un salto y va hacia Jesús.

Entonces Jesús les pregunta: “¿Qué quieren que haga por ustedes?”. Ellos le suplican: “Señor, que se nos abran los ojos” (Mateo 20:32, 33). Jesús se compadece de ellos, les toca los ojos y le dice a uno: “Vete, tu fe te ha curado” (Marcos 10:52). En ese momento, los ciegos recuperan la vista y de inmediato comienzan a glorificar a Dios. Al ver esto, todo el pueblo también alaba a Jehová, y los dos hombres empiezan a seguir a Jesús.

Mientras Jesús cruza la ciudad de Jericó, muchísimas personas lo siguen. Todos quieren ver al que ha curado a los ciegos. Pero, como Jesús está totalmente rodeado de gente, algunos ni siquiera pueden verlo. Esto es lo que le ocurre a Zaqueo, el jefe de los cobradores de impuestos de Jericó y sus alrededores. Como es de baja estatura, no puede ver lo que está pasando, así que se adelanta y se sube a un sicómoro o higuera moral que está en el camino por donde va a pasar Jesús. Desde allí, puede ver todo mejor. Cuando Jesús se acerca y ve a Zaqueo subido al árbol, le dice: “Zaqueo, baja enseguida, que hoy tengo que quedarme en tu casa” (Lucas 19:5). Zaqueo baja y corre a su casa para recibir a su invitado de honor.

Cuando la gente ve lo que está pasando, empieza a murmurar. No les parece bien que Jesús vaya a la casa de un hombre que ellos consideran pecador, ya que Zaqueo se ha hecho rico presionando a los que les cobra impuestos para que le den más dinero del debido.

Al ver a Jesús entrar en la casa de Zaqueo, la gente protesta: “Fue a hospedarse en la casa de un pecador”. Sin embargo, Jesús cree que Zaqueo puede arrepentirse, y eso es precisamente lo que ocurre. Zaqueo se levanta y dice: “Mira, Señor, les voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y todo lo que conseguí extorsionando a los demás lo devolveré multiplicado por cuatro” (Lucas 19:7, 8).

Sin duda, eso es una prueba clara de que Zaqueo está arrepentido de corazón. Parece que, por sus registros, puede calcular cuánto les ha cobrado de más a algunos judíos y se compromete a devolverles cuatro veces esa cantidad. Eso es incluso más de lo que la Ley exige (Éxodo 22:1; Levítico 6:2-5). Y no solo eso. Zaqueo promete darles a los pobres la mitad de sus posesiones.

Jesús se alegra de que Zaqueo demuestre que está arrepentido y dice: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque él también es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido” (Lucas 19:9, 10).

No hace mucho que Jesús explicó la parábola del hijo perdido para referirse a la situación de quienes se han alejado de Jehová (Lucas 15:11-24). Ahora, indica que tenemos un ejemplo de la vida real de alguien que estaba perdido pero que ha sido encontrado. Aunque los líderes religiosos y sus seguidores critican a Jesús por prestar atención a personas como Zaqueo, Jesús sigue buscando a estos hijos perdidos de Abrahán para ayudarlos a arrepentirse.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Dónde encuentra Jesús a dos mendigos ciegos, y qué hace por ellos?

Jesús encuentra a estos dos mendigos ciegos estando en Jericó, y mientras efectuaba el camino que une el núcleo antiguo con la zona nueva de la ciudad. Jesús, hace por ellos, justo lo que le pedían, “que les abriera los ojos”.

¿Quién es Zaqueo, y cómo demuestra que está arrepentido?

Zaqueo es el jefe de los cobradores de impuestos de Jericó y sus alrededores. Cómo cobrador de impuestos tenía mala fama, ya que hacía de su trabajo una forma de presionar a las personas para su propio beneficio, para hacerse rico, tratando de forma injusta a los habitantes de la ciudad. Es por ello, que tras el paso de Jesús, Zaqueo se arrepiente, no solo de palabra, sino de hechos devolviendo la mitad de sus bienes a los pobres y cuadruplicando aquél dinero hacia las personas que extorsionaban.

¿Qué aprendemos de la manera en que Jesús trata a Zaqueo?

Aprendemos a mostrar amor y a no rendirnos por aquellas personas que otras muchas personas puedan pensar que son un caso perdido. En el territorio encontramos todos los días a personas indispuestas de corazón para escuchar la palabra De Dios. Sin embargo, puede que llegue el momento en que las circunstancias que envenenan su corazón cambien, o que nosotros mismos con nuestras acciones y comportamiento seamos el detonante para cambiar la vida de estas personas y que se acerquen a Dios y a Jesús junto a nosotros.

COMENTARIOS EXTRA SOBRE EL CAPÍTULO Y PASAJES BÍBLICOS

1) En este capítulo, podemos ponernos en el lugar de dos lados, y es emocionante. Un lado es ponerse en la postura de Jesús. Y el otro lado, en la de los mendigos. Si nos ponemos en la piel de Jesús por unos segundos, nos imaginamos caminando de un lado a otro de la ciudad con una multitud de personas rodeándonos, quizás de forma que nuestro caminar se dificultad por tantas personas queriendo acercarse y seguramente, nos pedirían muchas cosas. Aún así, tuvo la consideración, el tiempo, la templanza de detenerse a atender las necesidades de dos personas en particular que realmente lo necesitaban. ¿Y nosotros? ¿Somos capaces de frenar el tiempo y el estrés al que estamos sometidos en nuestras vidas para detectar y ayudar en las necesidades de nuestros hermanos?.

2) En este capítulo, podemos ponernos en el lugar de dos lados, y es emocionante. Un lado es ponerse en la postura de Jesús. Y el otro lado, en la de los mendigos. ¿Podemos imaginar su frustración y a la vez emoción? ¿La impotencia y a la vez la esperanza? ¿Por qué mencionamos estos sentimientos? Estas personas estaban viviendo un momento único, Jesús, el mismísimo, estaba en la ciudad en la que ellos vivían. Es un hecho increíble, pero es que Jesús tiene el poder por medio De Dios de poder curarles, ¿nos podríamos imaginar cómo se sienten estas personas sin poder ver? Pongámonos en su lugar y reflexionemos. Ellos tienen fe, e intentan cómo sea acercarse a Jesús, mientras las personas de su alrededor no tienen ninguna compasión con ellos mandándolos a callar. Sn lugar a duda, un momento único para estas dos personas, que eran mendigos.

3) ¿Podemos ver la felicidad, la alegría y la emoción del mendigo cuando se pone de pie de un salto al ser llamado por Jesús? Es espectacular imaginar esa situación. Nosotros, cuando se nos acercan nuestros queridos hermanos emocionados por contarnos algo o hacer algo con nosotros, ¿qué hacemos? ¿nos contagiamos de la misma compasión o lo espantamos? Cuando se nos acerca un niñito o niñita en la reunión emocionada por hablar con nosotros, o contarnos algo sobre la escuela o cualquier otra cosa. ¿La escuchamos y nos alegramos con el/la? ¿O terminamos la conversación de forma precipitada porque tenemos otras cosas que hacer?. La vida es felicidad, amor y emoción, y no solo que la sintamos nosotros mismos, sino verla reflejada en las personas que tenemos cerca, de esa forma, estaremos gozosos.

4) Notamos en Marcos 10:52 lo le dice Jesús a los mendigos: “tu fe te ha curado”. Jesús se compadece de ellos, en ese preciso momento él ve lo que han pasado, lo que han sufrido estas personas y todo lo que han tenido que hacer en sus vidas (esfuerzo, sufrimiento, superación) para llegar a ese momento. Jesús puede notar todos esos sentimientos y la increíble fe de estas personas.

5) La multitud seguía a Jesús, se cruza con Zaqueo que está subido a un árbol para poder ver lo que estaba sucediendo al ver tal multitud desplazándose. Hemos mencionado la mala fama que tenía este cobrador de impuestos al hacerse ricos de forma no honrosa. Sin embargo, Jesús, que conoce la situación se dirige hacia él y le dice que se quedará en su casa, así que baje del árbol. ¿Podemos ver y apreciar la transformación del jubilo hacia la confusión de muchos de esta multitud? Protestaron, y tal como creía Jesús, Zaqueo se arrepintió y compensó a la multitud.

6) Zaqueo cometió actos deshonestos con muchas personas, pero se arrepintió y devolvió con creces lo que había extorsionado. De igual forma, aunque quizás no lleguemos al punto de Zaqueo, debido a nuestra imperfección, nosotros también podemos cometer o comportarnos de forma deshonesta con Jehová o con nuestros queridos hermanos. Tal como menciona Levítico 6:2-5, lo primero que tenemos que hacer, es detectar el comportamiento de nuestros actos, luego debemos arrepentirnos de corazón, pero para ello, antes se precisa que reflexionemos en nuestras acciones. Y por último, debemos compensar a Jehová y a nuestros hermanos.

7) Al igual que en la parábola del hijo perdido que empleó Jesús para explicar la situación de aquellas personas que se han alejado De Dios. Nosotros, no debemos perder la esperanza con estas personas, sino al contrario, estar preparados para darle la bienvenida cuando estas personas se vuelvan a encontrar y regresar a Jehová.

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