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Jacob se casa

El matrimonio en aquella época era muy diferente a como lo concebimos hoy día. Hasta hace unas décadas el matrimonio aún era considerado como un acto sagrado, como debería ser en la actualidad. Sin embargo, podemos ver en los jóvenes y personas hoy día que no piensan así y que muchas de estas personas no cristianas viven juntas e incluso tienen relaciones e hijos sin contemplar la unión sagrada del matrimonio.

En el caso de la época de Jacob, él se había fijado en Raquel como su futura esposa, una de las hijas de Labán junto a Lea. La costumbre establecía que el futuro esposo debía pagar un precio por la novia a la familia de ésta, este precio se estipuló y se fijó por medio de la Ley mosaica en 50 siglos de plata que debía pagar para tener a la mujer que había seducido.

Este pago o tributo a la familia era obligatoria para poder proceder al matrimonio con ella. Leamos Deuteronomio 22:28,29:

”Si un hombre encuentra a una virgen que no está comprometida, la agarra y se acuesta con ella, y alguien los descubre, el hombre que se acostó con ella tiene que darle 50 siclos de plata al padre de la joven, y ella se convertirá en su esposa. Como él la humilló, no podrá divorciarse de ella en toda su vida.

Deuteronomio 22:28,29

Por lo que hemos medio, vemos que cualquier hombre que quiera vivir junto a una mujer despojándola de su familia, quiera tener relaciones o ya las hubiera tenido, tiene que pagar ese importe establecido en la Ley mosaica que generalmente era inferior a los 50 siclos de plata y posteriormente a este acto se convertirá en su esposa.

Estos 50 siclos equivale aproximadamente al trabajo de un jornalero durante unos siete años, ya que el salario de estas personas era de aproximadamente medio siclo a 1 siclo al mes en el tiempo de la antigua Babilonia.

Jacob no podía hacer frente a ese pago pero él amaba de verdad a Raquel. Vamos a leerlo en Génesis 29:18-20. Allí dice:

Como Jacob se había enamorado de Raquel, le dijo a Labán: “Estoy dispuesto a trabajar para ti siete años por tu hija menor Raquel”. Labán le contestó: “Es mejor dártela a ti que a cualquier otro hombre. Quédate a vivir conmigo”. Y Jacob trabajó siete años por Raquel, pero a él le parecieron unos cuantos días por el amor que le tenía.

Génesis 29:18-20

Es por ello, que Jacob junto a la aceptación de Labán se ofreció a trabajar para él, prestándole sus servicios durante el tiempo (7 años) que le llevaría obtener los 50 siclos para poder pedir a Raquel en matrimonio.

Este tiempo, debido al gran profundo amor que sentía hacia Raquel le parecieron solo unos días. El tiempo se le pasó volando y antes que se dieran cuenta pasaron esos siete años. Sin embargo, al cumplimiento de la promesa que le hizo Jacob al prestarle sus servicios, Labán le engañó, y en lugar de darle en matrimonio a su amada Raquel, fue Lea en su lugar, la hija mayor.

Labán, un padre autoritario, había engañado y tomado esa decisión que Jacob tuvo que aceptar. No sabemos, la que la Biblia no responde a estas preguntas ni expone la postura o visión de las hijas, si Lea estaba de acuerdo con su padre o se vio obligada a obedecerle, si a Raquel le parecía bien o estaba al tanto de lo que su padre estaba a punto de hacer. No sabemos qué sentimientos sintieron las hijas ante esta situación.

Lo que sí sabemos es que Jacob nunca recriminó a Raquel o Lea esta decisión, sino se enfadó con quién lo había engañado, que era Labán. El trabajo de siete años que había efectuado Jacob era para con Raquel, sin embargo, los planes de Labán iban más allá, la justificación que le dio a Jacob la leeremos a continuación en Génesis 29:25-27. Pero una vez que Labán se justifica de esa forma, le ofrece también a su hija Raquel, a quién realmente amaba en matrimonio a cambio de otros siete años de trabajo a su servicio.

De esta forma, Jacob se vio comprometido a un matrimonio polígamo forzoso con las dos hijas de Labán.

Génesis 29:25-27 dice:

Pues bien, a la mañana siguiente, Jacob vio que quien estaba con él era Lea. Entonces, le dijo a Labán: “¿Pero qué me has hecho? ¿No fue por Raquel por la que trabajé para ti? ¿Por qué me has engañado?”. Pero Labán le contestó: “Aquí no es costumbre entregar a la hija menor antes de entregar a la mayor. Termina de celebrar la semana de bodas de esta mujer. Después también recibirás a esta otra mujer a cambio de que trabajes para mí siete años más”.

Génesis 29:25-27

Jacob aceptó la propuesta de Labán, viéndose en un matrimonio con dos mujeres en el que tuvieron enormes dificultades y amargura debido en gran medida a los celos que se produjo en el seno de ese matrimonio.

Jacob tuvo enormes dificultades para lograr el amor de su vida. Finalmente, tras 14 años de trabajo a las órdenes del autoritario padre de las hijas, Labán. Se ve envuelto en un matrimonio polígamo donde estas hermanas se convirtieron en rivales, y donde los celos dominaron la relación. Jacob tuvo que enfrentarse a estas situaciones y no fue nada fácil.

Sin embargo, Jehová nunca lo abandonó y vio como contaba con su ayuda al tiempo que sus descendientes llegaron a formar la nación de Israel.

De igual forma, aunque los matrimonios actuales no son polígamos (por regla general en casi todos los países del mundo actual) y en ningún caso dentro del pueblo de Jehová, si enfrentan situaciones muy difíciles, igualables o peores a las que enfrentó Jacob, relacionadas con aspectos de la sociedad, de situaciones de enfermedad, situaciones económicas u otras varias. Estas situaciones suponen un gran desafío para los matrimonios cristianos, pero al igual que con Jacob, Jehová ve las cosas y entiende las situaciones a las que tenemos que enfrentarnos, y siempre que pongamos fe en Él, en su Palabra la Biblia y sigamos sus consejos, podremos vencer las objeciones que se nos presenten y ser felices en nuestro matrimonio mientras servimos a nuestro Dios Jehová.

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