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Imitemos el ejemplo de Jesús – Estudio Bíblico

Imitemos el ejemplo de Jesús, cierre del libro Jesús es el camino, para el estudio bíblico de la semana del 9 al 15 de Noviembre de 2020.

Seamos compasivos

1) Jesús siempre fue compasivo con las situaciones de las personas y sus sentimientos aún cuando él como hombre perfecto no sufría mucho de sus problemas. Pero no solo hizo lo necesario por ellos, sino que fue más allá. Imitemos su ejemplo, y pongámonos en el lugar de las personas, comprendamos sus sentimientos y ayudemos tal como nos gustaría que hicieran por nosotros.

2) Hemos visto muchos ejemplos en los que Jesús fue compasivo con el dolor que estaban sintiendo las personas, les ayuda y fue mucho más allá. Aunque nosotros no podemos hacer los milagros que Jesús hizo como cuando curó a este hombre en sábado con la mano paralizada, cuando resucitó al único hijo de esta viuda, o curó a la niñita y al hombre sordo o cuando ayudó a Zaqueo y devolvió la visión a Bartimeo y su compañero. Nosotros podemos ser compasivos e ir más allá constituyendo el apoyo y soporte que necesitan nuestros hermanos.

Seamos accesibles

1) Jesús como hombre perfecto y con el poder que tenía no causaba miedo en las personas, sino al contrario, generaba un sentimiento de cariño por el que las personas se sentían atraídos. Ejemplos como esta persona leprosa que aún dada su condición tuvo la valentía de no sentirse marginado y acercarse a Jesús, o cuando Mateo aceptó su invitación o el trato que tenía con los niños, que se alegraban por estar con él y aprender. ¿Y a nosotros cómo se nos conoce? Debemos ser personas abiertas, cariñosas… accesibles, que las personas y nuestros hermanos vean una persona en la que pueden confiar y contar con ella.

2) Nuestra actitud y comportamiento es muy importante. El cómo actuemos y tratemos a las personas y nuestros hermanos definirá la relación que tienen con nosotros. Si se nos conoce como una persona arrogante o poco sensible, nuestros hermanos rehusarán de pedir nuestra ayuda o consejos porque no somos accesibles y temen nuestra forma de reaccionar a lo que nos cuenten. Debemos imitar el ejemplo de Jesús, y ser accesible con todos.

Oremos con frecuencia

1) Nuestras oraciones tienen que ser como las de Jesús, frecuentes, constantes, sinceras. Tal como Jesús hizo, demos las gracias a Jehová por todo lo que tenemos y todo lo bueno que nos ocurre gracias a Él, así como en situaciones en las que necesitemos o pasemos por cierto problema o incertidumbre, así lo hizo Jesús aún siendo perfecto. La oración es el medio de comunicación que tenemos con nuestro Padre para contarle todo lo que nos inquieta y todos nuestros sentimientos, aprovechemos este medio que se nos ha dado y oremos frecuentemente y de forma sincera y de corazón.

2) Jesús nos dejó muchos ejemplos en los que oró de forma constante, con frecuencia y sincera. En la que dio alabanza a Jehová por medio de la oración, tanto de forma pública como privada. Hemos visto muchos ejemplos en este libro, por mencionar dos de ellos, cuando tiene que elegir a los apóstoles, las personas que estarán con él, lo acompañarán y tendrán asignaciones muy importantes, esta importante decisión fue tomado por medio de oración con la ayuda y aprobación de Jehová. Otro ejemplo fue con la resurrección de Lázaro, en ningún momento se atribuyó el poder de tal acción, sino que públicamente quedó reflejado que fue Jehová el autor de ese milagro.

Seamos altruistas

Otra de las lecciones que vimos en el estudio de este libro fue el ser altruista con los demás. Jesús siempre estuvo a disposición de los demás y ayudó en todo lo que pudo y más. No seamos egoístas pensando primero en nosotros mismos y lo que queremos o necesitamos, si una persona necesita de nuestra ayuda, ayudemos. No hay cosa mejor y así nos ha enseñado Jesús. Tuvo tiempo para hablar con la mujer samaritana, tuvo el temple, paciencia y tiempo necesario con los fariseos para enseñar lo que dice la Palabra de Dios y también alimentó a las multitudes. Ayudar a otras personas es una gran manera de honrar a Jehová y su Reino, y también de sentirnos llenos con nosotros mismos y estaremos ayudando a personas que realmente lo necesitan, seamos altruistas.

Perdonemos a otros

Jesús nunca guardó ningún tipo de rencor sino que enseñó a perdonar, a perdonar de corazón, sin ningún tipo de resentimientos, Perdonó muchos pecados e injusticias que cometieron contra él. Nosotros como persona imperfectas que también faltamos al igual que todos los demás, con más razón no tenemos derecho a exigir nada, sino a perdonar porque nosotros también nos equivocamos. Y tal como a nosotros nos perdonan, nosotros tenemos que perdonar.

Sirvamos a Dios con todo nuestro corazón

Jesús sabía que lo rechazarían, lo perseguirían y hasta lo matarían. Nosotros también sabemos que se nos perseguirá, sufriremos y estamos sufriendo injusticias y persecución en ciertos lugares de la Tierra y que la mayoría de personas no quieren oír el mensaje que transmitimos. Pero al igual que Jesús, no nos rendimos y seguiremos así hasta el final de los días, siguiendo el ejemplo de Jesús cuando echó a los comerciantes del templo o cuando mandó a 70 discípulos a predicar. Nuestro celo en el ministerio debe imitar al de Jesús, una predicación de corazón sin importar toda la maldad de este sistema.

Seamos humildes

Si hubo un hombre en la tierra que tenía derecho y podía ser y sentirse superior a los demás, era Jesús, era perfecto. Pero no hizo eso, sino que fue un ejemplo de humildad y siempre estuvo a disposición de servir a los demás. Nosotros somos humanos imperfectos y el único derecho que tenemos es ser humildes con todos, no hay nadie superior a nadie, y todos estamos para ayudarnos en lo que podamos, así imitaremos a Jesús y seremos humildes.

Seamos pacientes

Jesús siempre fue paciente, aún cuando sus discípulos y apóstoles no seguían sus consejos, o volvían a dudar sobre cierto tema o profecía o necesitaban que se les volviera a enseñar cierta lección… Jesús siempre fue paciente y repetía las lecciones que necesitaban. Aún cuando los apóstoles discutían entre ellos sobre cuál era el mayor o cuando querían prominencia para gobernar a la derecha de Jesús. En todos las situaciones, Jesús fue paciente. La gran paciencia es una extraordinaria cualidad que todo cristiano debemos cultivar y aprender más cada día sobre ella, ya que cada día se pone a prueba nuestra paciencia.

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