Saltar al contenido

El orgulloso faraón ayudó sin saberlo a que se cumpliera el propósito de Dios – Tesoros 13 al 19 de Julio

El faraón de Egipto no hacia caso a las palabras que le transmitían Moisés y Aarón sobre el mandato que le estaba haciendo Jehová, el único Dios verdadero. Y esto se debe, a que los faraones se consideraban como dioses y no estaban dispuestos a ceder nada que fuera en contra de su razón, opinión y deseos. Y mucho menos de dos personas que no tenían ningún cargo, aunque fueran intermediarios del Dios verdadero; para el faraón, el único dios que tenía el poder de controlar a su pueblo y su vida era él. Esta postura de superioridad, de dominancia generaba un corazón terco, reacio y orgulloso contra todo aquello que fuera en contra de lo que él mismo pensara.

Esto provocó que se contradijera una y otra vez, y mintiera sucesivamente sobre lo que decía. En último término, la consideración De Dios que tenía de él mismo le permitía hacer lo que quisiera, y una de esas cosas era mentir. El faraón se encontraba contra las cuerdas en todas las profecías que pronunciaban Moisés y Aarón que iba a hacer Jehová, de las cuáles, siempre libraba a los israelitas que estaban con Él. Sin embargo, nuestro Padre actúa de forma muy diferente, humilde, misericordiosa, amorosa y comprensiva, a diferencia de todos los gobernantes de este mundo. Le concedió muchísimas oportunidades al faraón para que rectificara pero nunca lo hizo, y de esta forma se cumplió el propósito de Dios.

El faraón decía que sí, que iba a dejar que fueran a adorar a Jehová si terminaban las plagas que Dios había traído sobre ellos justamente. Estas cesaron cuando el faraón dijo vez tras vez que iba a permitir esta adoración. ¿Por qué? Éxodo 8:15.

Cuando el faraón vio que se había aliviado la situación, se puso terco y se negó a escuchar a Moisés y a Aarón, tal como había dicho Jehová.

Éxodo 8:15

El faraón no cumplía su palabra porque desde que la paga, la adversidad desaparecía ya no tenía ningún incentivo para hacer nada de lo que había dicho. Su palabra no servía nada y cambiaba según su parecer y su interés personal. Una gran diferencia en el discurso cambiante de los gobernantes de este sistema con la palabra justa y perfecta de Jehová.

Este fue un aspecto que potencia el poder de Jehová y su propósito con la humanidad. En la relación que ha mantenido con ella siempre ha permitido el libre albedrío, ha juzgado al debido tiempo las acciones que las personas hacen y si se arrepienten o no aunque Él pueda conocer exactamente el futuro, ha dejado que personas malvadas continuan existiendo aún merecer la muerte e incluso dando la oportunidad a que algunas cambien. De hecho, muchas personas se han convertido en merecedores de su misericordia. Mientras que otros muchos no, al contrario, han perseguido ferozmente a su pueblo y siguen haciéndolo pero no lo harán eternamente. Jehová muestra su poder al debido tiempo, juzga y toma las decisiones oportunas como ya ha hecho en el pasado; demostrando su inmenso poder.

Un poder que incluso los sacerdotes-magos del altivo faraón de Egipto admitieron que estaba muy lejos y era muy superior a las artes oscuras que éstos hacían.

Los sacerdotes-magos trataron de imitarlos y producir mosquitos con sus artes ocultas, pero no lo consiguieron. Y los mosquitos se lanzaban sobre la gente y los animales. De modo que los sacerdotes-magos le dijeron al faraón: “¡Es el dedo de Dios!”. Sin embargo, el corazón del faraón siguió siendo terco y él no les hizo caso, tal como había dicho Jehová.

Éxodo 8:18,19

Como hemos leído en estos versículos los sacerdotes que eran en parte una especie de magos al servicio del faraón intentaron imitar el poder de Dios, con las ranas lo consiguieron, no así fue con lo demás, quedando en evidencia el gran poder de Jehová. Estos sacerdotes-magos con estas acciones pretendían y podían conseguir varias cosas, en primer lugar: sentirse como una especie de dioses que no eran, y segundo: imitar el poder de Dios que tampoco pudieron. Esto evidenció al faraón que el poder de las plagas y calamidades que enfrentaba Egipto no podía provenir de manos humanas ni falsos dioses, sino del único Dios verdadero, del único todopoderoso que todo lo puede. ¿Debería el faraón al ver esto la supremacía y veracidad de lo que Moisés y Aarón estaban diciendo? Sí, y lo habrá hecho, pero su corazón seguía siendo terco, y una vez Dios retiró esos males sobre la ciudad, volvió a incumplir su falsa palabra, una vez tras otra.

Jehová tenía motivos más que suficientes para acabar con el faraón. Y no hablamos por mentirle y en cierto modo, burlarse de Él y de su poder. Tenía motivos suficientes con solo el trato con los habitantes de su pueblo, con los israelitas y con su negación y persecución en no poder adorarlo. Pero sin embargo no lo hizo. Leámoslo:

Yo ya habría podido extender mi mano para castigarte a ti y a tu pueblo con una enfermedad mortífera, y tú ya habrías desaparecido de la tierra. Pero te he dejado vivir por esta razón: para demostrarte mi poder y para que se proclame mi nombre por toda la tierra. ¿Sigues siendo tan arrogante con mi pueblo que te niegas a dejarlo salir?

ÉXODO 9:15-17

La demostración absoluta del poder de Jehová en unos pocos actos produjo un gran trasfondo en los egipcios. Incluso los miembros cercanos al faraón empezaron a temer dicho poder. Dios podía haber terminado con esos gobernantes y su ejército que estaba esclavizando a los siervos fieles de Dios y a muchos israelitas. Lo que finalmente lo hizo, en otra demostración de poder en el Mar Rojo.

No obstante, el ofrecer varias oportunidades de hacer lo correcto al faraón demuestra muchas cualidades y aspectos de Dios. Por un lado, la posibilidad del arrepentimiento y por otro lado, que esta demostración de poder haga saber a todos los habitantes de esa época y esos territorios del poder del Dios verdadero y no de sus falos ídolos o dioses; como dice el versículo 16 que acabamos de leer, se mantuvo la existencia del faraón durante tanto tiempo para mostrarle su poder real y que su nombre sea declarado por toda la Tierra. Además, probó la actitud malhechora del gobernante de Egipto, una persona inicua y que merecía la muerte.

De hecho, se había cumplido el propósito de Dios, todas las naciones cercanas hablaron de todo lo que había acontecido en Egipto y la corruptibilidad de su líder. Vieron una pequeña muestra del verdadero poder de Jehová, de la gloria y liberalización de la esclavitud a la que estaba sometido su pueblo.

Cookies