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Discurso: ¿Por qué fue Sara una mujer excelente?

Grabación en Audio del discurso: ¿Por qué Sara fue una mujer excelente?

La palabra excelencia se emplea para referirse a una calidad superior o un nivel de bondad que se hace digna de aprecio y se estima, tanto en una cosa como en una persona. Se estima, se respeta y se reconoce por ello.

Es una gran virtud, un talento que resulta extraordinariamente bueno. El mundo actual emplea esta palabra para hacer referencia a algo tangible o intangible que destaca sobre los demás, algo que hace a esa persona especial, mejor y superior. Por la que se debe reconocer y diferenciar del resto.

Esta vida está compuesta por múltiples filtros. Pongamos un ejemplo, desde el momento del nacimiento de un bebé, éste empieza criándose con sus padres hasta la correspondiente edad de escolarización.

Una vez en la escuela o en el colegio, tiene que ir avanzando a medida que pasan los años y los cursos, los diferentes cursos académicos son filtros. Se da por entendido que cada año debe avanzar al curso superior, pero si suspende, ha de repetir. Una vez finalizada la educación obligatoria por Ley, tiene dos opciones: trabajar o seguir estudiando. Esto es otro filtro, si el mundo te considera bueno estudiando, te instara a estudiar sino, a trabajar (“ya que los estudios no son lo tuyo”, dicen).

Si este niño decide seguir estudiando, pasará a una educación no obligatoria para prepararse para el mundo profesional o para el mundo universitario. Otro filtro. Si destacas, se te abrirá el abanico de la Universidad, sino, la formación superior.

Si decide ir a la Universidad, tiene que pasar una serie de pruebas para poder acceder. Si las pasa, es admitido. Lo mismo ocurre aquí, si destaca se abrirán las puertas a formaciones de posgrado universitario.

¿Qué ha ocurrido? Esta persona lleva pasando filtros toda su vida, siendo más excelente en cada nivel que la sociedad actual considera superior. Dicen que los universitarios son excelentes en conocimiento, los deportistas de élites son excelentes en sus disciplinas, los artistas son excelentes en sus creaciones, etc. La excelencia es una categoría, agrupa a aquellas personas que han logrado títulos y progreso material frente a los que no.

¿Qué título logró Sara? Porta el título de: Magnífica mujer. Todo ello lo logró sin pasar ningún filtro, solamente por medio de su fe y obediencia al único ser que puede categorizar a las personas, nuestro Dios Jehová.

Sara fue una excelente esposa, y para ello no necesitó de una carrera universitaria asequible a una minoría, sino de una carrera por la vida asequible a todos nosotros si nos moldeamos por el mejor conocimiento posible en este sistema de cosas, la Palabra de Dios en la Biblia, y nos vestimos de la nueva personalidad cristiana.

Si ojeamos el pasaje de 1 Pedro 3:3-6, allí podemos ver como Sara no se adornaba de cosas externas ni accesorios lujosos, no le importaba el valor que pudiera tener para este mundo, sino el valor de aquellas cosas a ojos de Jehová.

Tuvo un compañero de vida también excelente, la fe de Abrahán era sobresaliente. Y la suya no era menos. Cuando su esposo tomaba decisiones, ya sea por mandato divino, o para el bienestar del matrimonio, Sara fue obediente. Toda decisión conlleva unos efectos y unos cambios que pueden generar preocupaciones, preguntas -quizás sin responder- y cierta incertidumbre. Como cuando Abrahán le comunicó el mandato divino de abandonar Ur.

¿Nos imaginamos abandonando nuestro hogar y todo lo que ello conlleva? ¿A qué es duro? Para Sara también lo fue, pero su fe en Dios era más fuerte que estos miedos.

La excelencia no es perfección. La perfección, como bien sabemos, ya no existe en la actualidad. Las decisiones que podría tomar Abrahán no eran perfectas, y no todas ellas serían fáciles. Cada persona puede tener una forma de ver las cosas diferentes o ver puntos de vistas y perspectivas que su cónyuge -quizás- en ese momento no considera. El que Sara sea obediente a las decisiones tomadas por Abrahán no significa que no dijera lo que pensara o que reflexionaran juntos para buscar soluciones. Todo buen matrimonio ha de hacer eso, son una sola carne. Lo que hagan o dejen de hacer afectará a los dos por igual.

Sin embargo, llega el momento en el que hay que tomar una decisión definitiva. Y esa es tomada por el cabeza de familia. Sara en ningún momento compitió argumentando que su forma de pensar o su solución fuera mejor y por tanto, habría que hacerlo como ella dijera. No. Fue obediente a Jehová y estuvo en sujeción a su esposo, una obediencia sincera y amorosa.

Nuestras queridas hermanas no necesitan que este mundo les diga cómo deben ser excelentes, qué deben estudiar o qué es un canon de belleza. Sara era una mujer muy bella, pero su humildad, eclipsaba esa belleza. No necesitáis pasar ningún filtro ni competir para ser vistas superiores o perfectas, la excelencia no es perfección, la perfección no existe.

Vosotras, hermanas, ya sois excelentes como Sara. Y lo sois, porque ponéis en primer lugar la carrera más importante de este mundo, la carrera por la vida. Sois excelentes por vuestra fe inquebrantable en las Escrituras, por vuestra obediencia a Jehová, a los que llevan la delante en la congregación, a vuestros esposos. Sois de extraordinaria belleza a los ojos de Jehová por vuestra constante bondad, generosidad y amor hacia él, hacia vuestros esposos y hacia todos los hermanos de la congregación. Mujeres excelentes como Sara, y por eso, Jehová y todo su pueblo, os damos las gracias.

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